lunes, 26 de diciembre de 2011

Quinn


Modelo: Pajama Fun Courtney (Mattel playline, 1999)
Molde de cuerpo: Teen Skipper (original), hibridada con Barbie Style 2015 (articulado)
Molde de cara: Teen Skipper



Cassidy Quinn Gray  se hace llamar por su segundo nombre, ya que odia a muerte el primero: le parece una cursilada. En consecuencia, sus amigos siempre la están llamado cosas como doctora Quinn, Harley Quinn, God save the Quinn… etcétera. Entre esos amigos se encuentra Synnöve.

Quinn es muy deportista, ya que vuelca en el ejercicio físico su casi inagotable energía. Además le encantan la comida china, las pelis de miedo y leer la revista Seventeen acompañada de una buena tarrina de helado Ben & Jerry’s (su sabor favorito es Baked Alaska).

Su canción preferida es You are my sunshine, de Stine J.

Su frase insignia es: Run baby run

Para conocer mejor a Quinn, lee su Quince minutos con.

Participación de Quinn en Who wore it better?:
ConcursanteSeason 2 - Session 1
Ganadora: Season 2 - Session 1
Presentadora: Season 2 - Session 2

sábado, 24 de diciembre de 2011

Los cameos de Dolls Crazy House

Todos estamos muy liados preparando la Nochebuena, pero he logrado sacar un ratito para presentaros a otra de nuestras ilustres antepasadas.



Se trata de la bisabuela Linda Jameson. Sí, es antepasada de Evan. Aquí la vemos luciendo sus mejores galas en una fiesta en el convulso Chicago de los años 20. Durante la Gran Depresión se trasladó con su familia a Inglaterra, donde ha vivido desde entonces todos los Jameson.


La bisabuela Linda es una Fashions of the 20th century: Dance 'til dawn

viernes, 16 de diciembre de 2011

Una visita a la española. Segunda parte

         Mi primer instinto cuando vi aparecer a mis padres y a mi abuela en el aeropuerto fue agachar la cabeza y salir corriendo. Desafortunadamente, ellos me vieron antes y empezaron a gritar y a gesticular por si acaso me habían pasado desapercibidos, aunque mi madre había decidido convertirse en un subrayador andante llevando una trenca de color rojo brillante sobre un jersey verde manzana que era todo un atentado. Honestamente, me sorprendió que no les hubiesen parado en aduanas… pero casi mejor, porque ninguno de ellos habla ni media palabra en inglés y me tocaría a mí ir a sacarles las castañas del fuego. Casi puedo ver las caras de los policías, ésas que ponen cada vez que se topan con españoles paquete, que no son pocas.
         Por supuesto, todo el aeropuerto se ha enterado ya de dónde vienen. Sólo los españoles armamos tanto escándalo.
No me queda más remedio que acercarme a ellos y dejar que me besen como si no hubiera mañana. Por suerte deben estar acostumbrados a las muestras de amor en público propias de los españoles, y a nadie parece extrañarle.
—Estás muy delgada —mi madre me coge de la cara y me mide con la mirada—. ¿Comes bien?
—Ya sabes que la comida en este país es un asco, María —rezonga mi padre, que tira con gran esfuerzo de tres maletas.
—Vendrás por Navidad, ¿no? —Pregunta mi abuela.
Me pregunto con qué les habrá chantajeado para que la dejen venir. Mi abuela materna, Juli, tiene bastante mal humor, y los miembros de su propia familia cada vez tratan de espaciar más los turnos para invitarla a su casa, a lo mejor por eso mi abuelo Juan pasa los días enganchado al Carrusel Deportivo. Al final casi siempre están en su piso, que está encima del nuestro, y mi madre va a verles todos los días.
—¿Me habéis traído mi guitarra? —Intenté fingir que no era lo que más me importaba, pero he fallado miserablemente.
Mi padre frunce el ceño y me tiende la funda negra que contiene mi preciado instrumento. La abrazo como si fuera mi novio.
—¿Vamos a tu piso? —Propone mi madre.
Creo que me he puesto pálida como la cera, pero acierto a preguntar:
—Vosotros dormís en un hotel, ¿no?
—Pues claro, tranquilízate —mi madre alza las cejas con aire de sospecha—. Sólo queremos ver dónde estás viviendo.
Ah, claro, se trata de eso. Menos mal que Mina y Sia ya están sobre aviso. Con las mismas, cogemos un taxi y salimos en dirección a casa.
Prefiero no dar detalles sobre el trayecto. Resulta que el taxista era de Murcia y se dedicó a charlar durante todo el viaje acerca de las fiestas de la patrona, los equipos de Segunda A y otras cosas de las que ni me enteré porque preferí desconectar. Estaba haciéndome a la idea de que mi madre iba a hacer una inspección por toda la casa buscando alguna clase de prueba incriminatoria con la que obtener una licencia para llevarme de vuelta a casa, mientras que mi padre y mi abuelo se sentarían en el sofá para oír, que no escuchar, las quejas que tuviera mi abuela acerca de cualquier cosa, y cuando digo cualquier cosa, me refiero a todo. Así, en general.
Y eso fue precisamente lo que pasó, en pocas palabras. Pero además, según llegaron al piso, mi madre abrió una de sus maletas y empezó a sacar comida. Montones de comida. Fiambres, tarros de legumbres, un queso (¿y cómo demonios piensan que voy a cortar yo un queso?), conservas y hasta un tupper con filetes empanados dentro.
—¿Y esto qué es, para cuando me vaya de acampada? —Pregunté.
—Todos sabemos lo mal que comen los ingleses —resolvió mi madre.
—Mamá… —empecé a decir, pero me detuve porque no merecía la pena. Si se le había metido en la cabeza que los ingleses comen mal, no tenía ningún sentido que le explicase que los filetes empanados eran la base de mi dieta. Me limité a darle las gracias por esos filetes reblandecidos después del viaje en avión, además de guardar el resto de la comida. Sí, me quejo mucho, pero en realidad las provisiones me vinieron genial.
Pero lo más importante de todo es que me trajeron mi guitarra. La dejé a buen recaudo en el apartamento y por desgracia no pude volver a ponerle la mano encima hasta que se volvieron el domingo por la tarde, ya que me tocó hacer de guía turística por la ciudad con los cuatro, y apenas pisé por casa. Eso sí, desde entonces, ¡no me despego de ella!

sábado, 10 de diciembre de 2011

Y aún más habitaciones

Y es que todos necesitan donde dormir... Antes de continuar con las aventuras de Magda, allá van las cuatro dormitorios más.

El dormitorio de Tabitha (en casa de Alyssa y Prue)
El dormitorio de Matt
El dormitorio de Magda
El dormitorio de Evan
Los próximos serán los de las chicas Monster High...

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Una visita a la española. Primera parte

Cuando te mudas es cuando salen a la luz las miles de cosas que tienes metidas a presión en los escasos metros cuadrados de habitación. Eso me pasó a mí, y aunque me iba a Londres durante un año solamente, cuando empecé a hacer listas de lo que quería traerme, llegué a la conclusión de que iba a tener que alquilar un avión de mercancías sólo para todos mis trastos. Al final, eliminando y sufriendo por lo que tendría que quedarse en casa, terminé plantándome en el aeropuerto de Heathrow con dos maletas casi tan grandes como yo misma, tanto que me costó Dios y ayuda encontrar a un taxista que accediera a llevarme esos dos mostrencos al apartamento donde iba a vivir… Pero bueno, ésa es otra historia.
El caso es que, tanto tiempo para preparar maletas y comprimir kilos de ropa para darme cuenta, en menos de cinco minutos mientras deshacía el equipaje, de que me había dejado la guitarra en Madrid.
Podría haber llorado de la frustración.
Rápidamente llamé a mis padres. Mi madre me cogió el teléfono, me hizo doscientas preguntas acerca del viaje, me preguntó por mis compañeras de piso, emitió juicios de valor sin haber estado aquí en la vida, me dio ochocientas recomendaciones para velar por mi seguridad (nadie diría que he vivido en Madrid desde que nací) y acabamos despidiéndonos como si nada. Luego me acordé de que en realidad les había llamado por la guitarra, y tuve que volver a llamar. Al menos mi padre se hizo cargo de la situación, aunque me recordó, otra vez, que si no estaba a gusto siempre podía volver a casa.
Pasaron dos semanas sin que volviera a tener noticias de mi guitarra (que no de mis padres, que me llamaban día sí y día también hasta que les convencí de que Jack el Destripador se había muerto hacía un siglo o así y que, de todas formas, no actuaba a plena luz del día y en plena Universidad), hasta que un buen día recibí la llamada que tanto esperaba:
—Buenas noticias, Magda —mi madre sonaba exultante—. Hemos decidido ir a llevarte la guitarra.
—Ah, genial, ya la echaba de menos… Espera, ¿has dicho traerme? ¿No me la ibais a enviar?
—Bueno, eso pensábamos, pero no conocemos Londres, y además a los abuelos les apetece verte…
—¡¿Vais a traer a los abuelos?!
Londres es una de las ciudades más cosmopolitas del mundo, pero no veía yo a mis abuelos en Londres. Básicamente, porque ellos son muy de pueblo. Concretamente, de un pueblo que está más o menos en el culo del mundo. En Cantabria, vaya.
—No irás a decirme que no podemos ir.
Mi madre acababa de poner ese clásico tono que ponen las madres que viene a significar algo así como: “eso me hace sospechar que tienes algo que ocultar, probablemente que vives con un chico”. Y sinceramente, con lo sosacos que son los británicos, me parece una tontería que piense eso, pero ella qué va a saber, si los únicos ingleses que conoce son los que salen en Downton Abbey. No tenía opción, así que claudiqué:
—Está bien. Pero que no se os olvide la guitarra.

No había acabado de colgar el teléfono cuando me estaba arrepintiendo ya de haber permitido que mis padres vinieran a visitarme, aunque si estaban tan seguros, no habría logrado impedirlo ni orquestando una huelga de controladores en el aeropuerto de Heathrow. No tenía demasiadas ganas de que mis vecinas, tan glamourosas ellas, vieran a la panda de catetos que es mi familia, aunque a lo mejor ésa es la impresión que tenemos todos de nuestros familiares… que nos van a avergonzar. Por si acaso, reuní en el salón a Mina y Sia, mis dos compañeras de piso y tan Erasmus como yo, para ponerlas sobre aviso de las extrañas criaturas a las que iban a conocer el próximo fin de semana. 

martes, 29 de noviembre de 2011

Un poco de protagonismo para Savannah

Nuestra modelo afroamericana vino a Dolls Crazy House con el deseo de pasar desapercibida... y, por extraño que parezca con su cuerpo de escándalo y ese estilo tan personal, lo ha logrado. Por eso hoy he decidido que ya estaba bien de tanto escaquearse y la he llamado al orden para que protagonizara esta sesión en exclusiva.

Aunque no peguen nada con su personalidad, los colores fluorescentes son los preferidos de Savannah. 
Y si no estáis convencidos, comparad.
¿No os parece?
Pero para las ruedas de prensa viste con colores más neutros.
Es su manera de separar trabajo y ocio.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Nuevas habitaciones

A falta de inspiración y documentación gráfica para avanzar en las historias de estas chicas, he decidido mostraros algunas habitaciones más de las habitantes de Dolls Crazy House, algo que no hacía desde abril. Hoy tenemos cuatro dormitorios para enseñar:

La habitación de Clary (aunque en teoría ella no vive en Dolls Crazy House, sino con sus padres. Su madre es anticuaria, de ahí esos muebles tan elegantes y el vitral sobre la ventana)
La habitación de Savannah

La habitación de Shannon
La habitación de Cora

domingo, 20 de noviembre de 2011

Pijamas, almohadas y cotilleos a medianoche

      Parece que ni siquiera la presencia de Matt ha servido para rescatar a Prue de la ira de Alyssa. Tras el desastroso resultado de la última fiesta que montó en su piso, Alyssa decidió que hasta aquí habíamos llegado y le ha prohibido llevar a su casa a más de dos personas al mismo tiempo. Tal y como está el percal, me pidió casi de rodillas que accediera a prestarle mi dormitorio para celebrar una fiesta de pijamas, aunque ella la definió como una Reunión Nocturna de Urgencia. Y es que, según Prue, ningún asunto de importancia puede tratarse con propiedad si no se trasnocha, se ven comedias románticas y se comen pizza y chocolatinas. Seguro que eso lo escribió también en su diario rosa con el candado en forma de corazón. Bueno, no tiene uno, pero por su manera de hablar, cualquiera lo diría. En serio, Prue me cae bien, pero a veces parece que tiene trece años.
         El caso es que acepté porque Pam tenía una fiesta súper exclusiva en Los Angeles y así a lo tonto iba a pasar cinco días fuera. Sabía que la alteración de su espacio vital no iba a hacerle ninguna gracia, y lo que a ella no le hace gracia a mí sí que me la hace, por regla general. Tampoco le guardo ningún rencor en particular, sencillamente me parece una pesada. Eso sí, como sólo quiero fastidiarla de vez en cuando pero no meterme en líos, así que le dije a Prue que trajera sólo a Clary. Para mi sorpresa, no opuso resistencia y a las nueve se presentaron las dos en casa, la una llevando dos pizzas tamaño familiar y la otra una bolsa del súper de enfrente a través de la que me pareció ver kit-kats. La cosa prometía ser una bomba de calorías, pero en fin, eso es lo que se hace en las fiestas de pijamas… o eso se supone. Una vez estuve en una. Tenía catorce años y fue aburridísimo… pero ésa es otra historia.



         La noche empezó con maratón de películas en DVD: la primera fue el clásico por excelencia, Pretty Woman, a la que siguieron Dirty dancing y Cuatro bodas y un funeral. Ya temía que, mientras sonaban los títulos de crédito de esta última, decidieran seguir con Novia a la fuga, pero por suerte Prue preguntó:
         ¿Comemos algo?
         Imagino que no hace falta que os diga que nos abalanzamos sobre la comida como hienas. Aunque tanto romance me había hecho aumentar los niveles de azúcar hasta límites estratosféricos, unas cuantas porciones de pizza y una ración de cafeína enlatada nunca vienen mal.
         Mis sospechas de que Prue tenía algo que comentar se vieron confirmadas rápidamente:
         —¿No os parece que Evan es súper mono?
         —No es exactamente mi tipo —respondo, no sin cierta desgana.
         Ella hace una caída de ojos.
         —Nadie ha sido tu tipo desde lo de Dean —dice.
         —Pues mejor para ti, ¿no? —Replico.



         Clary se aclara la garganta y pregunta:
         —¿Eso quiere decir que te gusta, Prue?
         Mi prima rueda por la alfombra antes de murmurar:
         —No sé si es una buena idea que Rita está al tanto de eso…
         Por supuesto, ya estoy al corriente de toda esa historia de Rita… y estaréis de acuerdo conmigo en que es una lagarta.
         —De todas formas, me parece que ya debe habértelo notado —no pretendo hundirla en la miseria, sino subrayar lo evidente—. Pero por si te sirve de consuelo, no me tiene pinta de que una loba como Rita sea el tipo de Evan.
         Y es verdad, no me lo parece. No he cruzado más de un saludo con él alguna vez que hemos coincidido en la escalera (la conversación circunstancial no es mi fuerte), pero sinceramente, me ha parecido un poco… no sé… ¿blando? En cualquier caso, Rita parece demasiado para él.

Disculpad la pobre calidad de la foto

Y, a juzgar por la expresión de Prue, ella está más bien pillada… Algo habitual en la soñadora y enamoradiza Prue.


lunes, 31 de octubre de 2011

El elemento masculino ha llegado para quedarse

Estaba haciendo mis deberes de Ciencias Naturales con Prue, que se había levantado unas veinte veces de la mesa de la cocina con toda suerte de excusas, cuando oí la puerta de la entrada. Ya era hora de que Alyssa volviese del curro, aunque me sorprendo al oír una voz además de la suya. No puedo evitar dejar mis deberes de lado y volverme hacia la puerta hasta que logro ver a Alyssa y a su acompañante, un chico de pelo castaño que por poco logra que se me descuelgue la mandíbula… ¡Y eso sí que sería raro en mí!
Alyssa se acerca a mí seguida por él, que me dedica una sonrisa cortés que logra que me derrita, aunque no se me mueva ni un solo músculo de la cara.
—Hola, Tabitha —me saluda Alyssa.
—Hola.
—Ella es Tabitha, la chica de la que te hablé. Está viviendo con mi hermana y conmigo —se dirige al chico. A continuación aclara—. Él es Matt, mi novio. Ha comprado el ático.
Le dirijo una mirada con la que siento a mi indiferencia habitual traicionarme:
—¿Ah, sí?
—Aquí somos muchas chicas —Prue se acerca desde el baño—. Acabarás huyendo.
—Bueno, planeo quedarme para comprobarlo —sonríe él.
—Va a pasar aquí la noche —explica Alyssa—. Mañana vienen los de la mudanza, y quiero ayudarle.
—¡Ah! Yo también te echaré una mano —se apresura a decir Prue.
—Sí, y yo —añado.
—Sois muy amables. Supongo que tendré que corresponderos haciendo la cena.
Y sin decir nada más, se dirige a la cocina como Pedro por su casa y comienza a seleccionar cacerolas e ingredientes. Alyssa y Prue intercambian una mirada cómplice y la menor se dispone a recoger sus apuntes de la mesa, así que decido hacer lo propio y corro tras Prue a la habitación que compartimos desde que Alyssa me permitió alojarme con ellas. A veces me da un poco de cosa, porque se nota a la legua que, por el número de habitaciones que tiene su loft, no está pensado para que vivan en él más de dos personas, pero lo cierto es que me siento muy a gusto aquí, aunque tenga que dormir en un colchón hinchable y dentro de mi saco de dormir.
Cuando estamos ya en el dormitorio, pregunto a Prue:
—¿Conocías a Matt de antes?
Ella suelta una risita y responde:
—Pues claro. ¿Te parece guapo?
Aparto la mirada con la esperanza de que no se me note demasiado y dejo caer:
—No está mal.
Prue se encoge de hombros.
—Un poco mayor para mi gusto.
Me pregunto qué clase de yogurines le gustarán a esta chica. ¡Yo a Matt lo veo perfecto, y tengo cuatro años menos que ella!
—Ya verás cuando se haya instalado. Va a haber tortas —dice de repente.
—¿Y eso? —Pregunta.
—Bueno, aunque a mí no me atraiga, me sé de más de una a la que sí que le va a gustar. Y eso sin contar a Pam, que es capaz de robárselo a mi hermana sólo por fardar de ello después.
No puedo evitar torcer el gesto.
—Entonces, ¿las demás chicas no le conocen?
—Bueno, me parece que Shannon sí, pero me parece que las demás no. Alyssa lleva sus asuntos con mucha discreción.
Eso es verdad. Lo cierto es que aunque Alyssa siempre tiene tiempo para preocuparse por los demás, no suele hablar de sus cosas. Pero a la vista de Matt, tampoco es que me sorprenda… ¡Con las lagartas que campan a sus anchas por el edificio!

domingo, 30 de octubre de 2011

Evan


Modelo: Barbie Basics #16-002 (Mattel Black Label, 2011)
Molde de cuerpo: Male ModelMuse (original), hibridado con Male Articulated.
Molde de cara: Basics 16

Evan Ross Jameson es el hermano menor del mejor amigo de Matt, Loren, y le pidió que alquilase un cuarto de su flamante ático al veinteañero para que tuviese dónde alojarse mientras estudia tercero de Ingeniería Aeronáutica. Aun hoy son compañeros de piso; más adelante se unió a ellos el viajero en el tiempo Haruto.

Evan ha sido toda su vida "el Niño" en su casa, y despegarse poco a poco de papá y mamá le está costando bastante. Su llegada provocó una buena pelea entre SynnövePrue, pero al final fue la primera quien logró conquistar a Evan.

Su canción preferida es Venus in furs, de The Velvet Underground.


Su frase insignia es Evan call Home

miércoles, 26 de octubre de 2011

Un par de fotos para abrir boca

Os tengo abandonadísimos, qué vergüenza. La verdad es que no tengo demasiado tiempo libre, y entre eso y que decidí fotografiar a las chicas precisamente cuando dejó de hacer sol, de momento sólo puedo ofreceros un par de fotografías nuevas de Magda y Sia.
Espero que os gusten, a pesar de todo.
He modificado ambas fotos con la herramienta de efectos retro de pixlr.com, una especie de photoshop online con esta versión para tontos (que es lo que yo soy en lo que a estas cosas se refiere) para poner bonitas las fotos (no, no me pagan comisión, es que la web me encanta).

martes, 4 de octubre de 2011

Magda



Modelo: J-Doll X-126 Gran Via (Jun Planning, 2008)
Molde de cuerpo: Type 3 Pullip
Molde de cara: J-Doll

Magdalena Vera Pastor (más conocida como Magda) es otra de nuestras estudiantes Erasmus. Tiene veinte años y viene de Madrid.

Magda estudia Periodismo y es conocida por su desparpajo y optimismo natural. Aprovecha el tiempo libre que le deja su carrera (que es bastante) para hacer docenas de cursos, desde jardinería hasta trucos de bricolaje, pasando por bailes de salón, corte y confección, cocina creativa y yo qué sé cuántas cosas más. Eso sí, Magda venía con un talento de casa: toca la guitarra (española, claro), algo que a sus vecinas les parecía muy gracioso, interesante y típico hasta que descubrieron que a Magda no hay quien le saque los horarios españoles, se acuesta cuando las demás ya están en el séptimo sueño por lo menos y no puede ponerse auriculares para tocar…

Por suerte, esa simpatía suya puede con todo. O con casi todo, ya veremos en unos meses…

Su canción preferida es Riazor, de Amaral.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Matt



Modelo: Barbie Basics #15-002 (Mattel Black Label, 2011)
Molde de cuerpo: Male ModelMuse
Molde de cara: Edward

Matthew Allan Silverman, más conocido como Matt, tiene treinta años y es un brillante arquitecto. Ha comprado el ático de Dolls Crazy House, y como os podéis imaginar, ha organizado un revuelo entre todas las chicas. Pero lo sentimos mucho, ya está cogido: Matt sale con Alyssa desde hace un año y medio, a la que conoció cuando concedió una entrevista a la revista en la que trabaja ella. Bajo su techo vive también Evan.

Matt es algo así como el hombre perfecto: es guapo (a la vista está), encantador, detallista… y demasiado buena persona a veces, y a pesar de su apariencia madura, no se entera de algunas cosas, así que cuando empiecen las batallas por él entre las chicas, no se dará por aludido, porque Matt es así: vive en la parra.

Su canción preferida es Gravity, de The Dresden Dolls.

Su frase insignia es: Time and relative dimensions in space.

jueves, 22 de septiembre de 2011

La prófuga


Las sorpresas en esta casa son un no parar. Ayer, cuando volvía de tomar una cerveza después del trabajo con Cora y con Alyssa, nos topamos con un saco de dormir en el portal del edificio.
—¿Y esto? —Fue lo primero que acerté a decir.
—Parece que algún mendigo ha decidido pasar aquí la noche —comentó Cora.
Creo que Alyssa y yo pusimos la misma cara, pero ella reaccionó antes:
—Sería la primera vez. La verdad es que es un edificio muy tranquilo.
No pude evitar hacerle una caída de ojos:
—No lo dirás por La guerra de los Rose que mantenéis Pam y tú.
Ella arruga la nariz:
—Eso es privado. Me refiero a cosas como ésta, ya sabéis —lanza una mirada al saco de dormir y concluye—. De todas formas, no podemos dejar esto aquí. Habrá que sacarlo a la calle, pero no me hace gracia tener a alguien durmiendo debajo de la escalera.
Asiento con la cabeza, dando a entender que estoy de acuerdo, pero cuando me mira comprendo que espera algún otro movimiento por mi parte…
—Ah, no, conmigo no cuentes para sacarlo. Eso debe tener de todo —sentencio.
—Deberías estar acostumbrada —deja caer ella— ya que te pasas todo el día rodeada de futbolistas sudorosos.
No me esperaba ese dardo, así que mi defensa es más bien pobre:
—No estoy siempre rodeada de futbolistas sudorosos.
—También se aplica a deportistas de todo tipo.
—Te puedo presentar a alguno si estás harta de modelos empolvadas —contraataco, más lúcida.
—Por favor —interviene Cora—, tampoco es para tanto.
Y sin demasiados miramientos, coge el saco de dormir por una esquina y lo echa a la calle a través de la puerta abierta.
—¿Veis como no era tan difícil?
—¡Eh!
Las tres nos giramos en dirección a la voz. Una chica recoge el saco de dormir y a continuación se gira hacia nosotras con cara de enfado.
—¿Cuál es vuestro problema? ¡Sólo lo estaba dejando guardado un rato!
Alyssa la mira con incredulidad.
—Ya, y lo habías sacado para que le diera el aire, ¿verdad? ¿Dónde están tus padres?
Ella nos encara, furiosa.
—No tengo cinco años, ¿sabes?
—Tampoco parece que tengas muchos más… —dejo caer, cruzando los brazos.
La chica –apenas una adolescente, metro cincuenta y cinco como mucho, cabello castaño con una mecha color celeste- alza la barbilla, soberbia.
—Tengo quince años —declara—, pero de todas formas eso no es asunto vuestro.
—Eso es lo que queremos, que no sea asunto nuestro —dice Cora, poniendo los brazos en jarras—, pero si aparece una menor durmiendo en nuestro portal, creo que empieza a convertirse en asunto nuestro. Así que, si no quieres que llamemos a la policía, o te largas o nos cuentas qué demonios haces aquí.
La chica suspira con gesto enfadado, rindiéndose a la evidencia. Finalmente responde:
—Me he escapado de casa.
Nos miramos entre nosotras, y Alyssa anuncia:
—Tiempo muerto. Subamos a mi piso.

Ayudamos a nuestra prófuga a recoger sus escasas pertenencias antes de subir al piso de Alyssa. Prue no está en casa, así que nadie nos interrumpe mientras nos dirigimos a la cocina, donde cogemos algo para beber a la espera de una historia. La chica no se corta a la hora de inspeccionar la cocina de Alyssa, y no es para menos, hay que reconocer que la tiene decorada casi de revista. Cuando la dueña de la casa finalmente se sienta frente a nosotras, interrogo a la chica:
—Para empezar, ¿cómo te llamas?
Tabitha —responde—. Tabitha Hamilton.
—¿Y por qué te has escapado de casa, Tabitha Hamilton? —Pregunta Cora con sarcasmo, aunque lo suaviza para inquirir—. ¿Tienes problemas con tus padres?
Por su tono de voz intuyo que se refiere a malos tratos y otros temas turbios. Tabitha responde, vaga:
—Sí.
—¿Qué clase de problemas? —Insiste.
La chica se encoge de hombros.
—Los normales, supongo. Discutimos mucho —ante la insistente mirada de Cora, aclara—. Pero no me pegan ni nada de eso. Sólo discutimos.
Mi compañera de piso suspira, relajando los hombros. Supongo que se figuraba algo más grave.
—Todos pasamos por eso, Tabitha —contesta Alyssa, conciliadora.
Ella se tensa.
—Ya lo sé, ¡pero les odio! No me comprenden, quieren que sea otra persona distinta a la que soy, que me convierta en un clon suyo, y les detesto.
—No digas eso —trato de apaciguarla.
Ella me atraviesa con la mirada.
—¿Qué sabrás tú? No conoces a mis padres.
No puedo evitar enarcar una ceja.
—Bueno, tú tampoco conoces a los míos… y yo también tuve que rebelarme ante lo que ellos querían para mí.
Tabitha me sostiene la mirada con gesto duro. No sé hasta qué punto estará exagerando (la edad que tiene hace esas cosas), pero desde luego vamos a tener que bajarle un poco los humos.
—¿Y te has escapado de casa por eso? —Pregunta Cora—. ¿Porque no quieres ser lo que ellos quieren que seas?
La chica asiente con la cabeza.
—¿Y qué profesión tan terrible es esa? —Le toca el turno a Alyssa.
—Oculista.
Las tres nos miramos entre nosotras con un gesto un tanto difícil de concretar. No es el trabajo de nuestros sueños, pero tampoco está tan mal. Es decir, hay cosas peores.
—¿Y tú qué quieres ser? —Pregunta Alyssa.
—Diseñadora gráfica —responde Tabitha, con una nota de orgullo en la voz—, pero ellos no quieren ni oír hablar del tema.
Durante un momento, nos quedamos calladas. No parece tan grave, lo cierto es que cuando le ofrecimos que subiera, pensábamos que estábamos frente a un caso extremo, aunque seguramente lo sea para Tabitha. Finalmente, Alyssa decide:
—Está bien, vamos a hacer una cosa: quédate aquí esta noche, y mañana veremos, ¿de acuerdo?
La expresión de la adolescente cambia por completo, casi se le ilumina la cara. De todas las presentes, yo soy la que mejor debería poder ponerse en su lugar, y lo cierto es que lo hago… más de lo que debiera, teniendo en cuenta que soy una adulta y que ella, en cambio, sólo es una cría. Pero en fin, también yo fui una cría llena de sueños que me han convertido en lo que soy hoy, así que a lo mejor Tabitha sólo necesita un pequeño empujón, y si sus padres no están dispuesto a dárselo, a lo mejor nosotras podemos hacer algo al respecto.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Tabitha



Modelo: Sisters Sleep Out! Skipper (Mattel playline, 2011)
Molde de cuerpo: 2010 Skipper (original), hibridada con Made to Move
Molde de cara: Dreamhouse Skipper

Una noche a finales de verano, apareció en Dolls Crazy House una adolescente solitaria que pidió permiso para dormir durante un par de días en el descansillo de la escalera. Intrigadas, las chicas acabaron acogiéndola como una más.

Su nombre completo es Tabitha Summer Hamilton, tiene quince años y es una Skipper del giftset . Se escapó de casa tras discutir con sus padres y no quiere ni oír hablar de volver, así que, contra cualquier clase de buen juicio que pueda intentar una tener con las inquilinas de Dolls Crazy House, han hecho de el edificio su hogar. De momento, Tabitha vive con Alyssa y Prue. La mayor está buscando una manera de convertirse en la tutora legal de la chica sin tener problemas demasiado graves con sus padres…

Tabitha es seca y testaruda, puede llegar a tener muy mal humor y pasa gran parte del tiempo inmersa en su mundo, escuchando canciones de rock duro en su iPod. No obstante, conoce a la perfección el valor de las cosas que la gente hace por ella y se asegura de devolver los creces con favores. Además, le encantan los niños.

Su canción preferida es Fire, de Dead by Sunrise.

Su frase insignia es: You can bet I’m not moving from here.

Participación de Tabitha en Who wore it better?:
ConcursanteSeason 2 - Session 11
Ganadora: Season 2 - Session 11 
Presentadora: Season 2 - Session 12

viernes, 9 de septiembre de 2011

Sesión monstruosa

Después de tanto tiempo sin ver unas fotos como Dios manda, contamos en esta ocasión con unas modelos de excepción, y es que las chicas Monster High han salido de sus criptas ante el reclamo de ropa nueva. Algunas se han quedado con las ganas de estrenar trapos, de momento me parece que habrá que esperar, lo siento, chicas...

Las primeras agraciadas han sido precisamente Frankie y Draculaura. Llevaban paseándose por ahí en bañador desde que llegaron a Dolls Crazy House, y eso no puede ser, aunque siga haciendo calor. Para ellas son los conjuntos que vienen en el set Day at the Maul, y que les quedan así:
Claro, en cuanto se los pusieron, hicieron honor al nombre del giftset y se largaron a quemar plástico al centro comercial.

En cuanto a la buena de Ghoulia, que es bastante más tranquila que esas dos cabras locas, no dudó en vestirse para la ocasión cuando se enteró de que iba a haber un evento dedicado a Dead Fast, su cómic predilecto. Como buena fan, acudió de esta guisa:
Y como se compró una figura, me pidió que le sacara una foto para enseñárosla:
Pero la que mejor parada ha salido es, sin duda, Draculaura, porque además de su traje para ir al centro comercial, decidió que su nombramiento como fotógrafa para el periódico de Monster High debía ir acompañado de un atuendo acorde, y claro, me ha tocado aflojar la mosca para conseguirle este modelito de reportera gráfica:
Y hasta aquí el repaso de la ropa nueva. Os dejo, que Cleo está protestando porque ella sigue con las vendas del año pasado... ¡Qué cruz!

miércoles, 31 de agosto de 2011

Frankie


Modelo: Monster High Gloom Beach Frankie Stein (Mattel, 2011)

Antes de que agosto termine, Frankie llega para quedarse. Estando sus amigas Draculaura y Lagoona en Dolls Crazy House, no iba ella a ser menos.

Frankie Stein es hija del monstruo de Frankenstein y no tiene mucho tiempo de vida… unos meses, a lo sumo. Claro que eso no ha impedido que se integre como la que más en la vida del instituto y en la de Dolls Crazy House. El rasgo más distintivo de Frankie son sus costuras, los tornillos que luce en el cuello y una extraña habilidad para alterar la electricidad en torno a ella, en fin, cosas de la vida. Aparte de eso, Frankie es un tanto ingenua, con una bondad innata e incapaz de pensar mal de nadie… así que, en lo que a sus compañías se refiere, se deja arrastrar por sus inseparables amigas.

Su canción preferida es Tell me something I don’t know, de Selena Gomez.

Su frase insignia es: It’s alive…

lunes, 29 de agosto de 2011

Draculaura


Modelo: Monster High Gloom Beach Draculaura (Mattel, 2011)

El verano se encuentra en su recta final, y justo cuando acaban sus vacaciones de verano se nos une una nueva inquilina. Menos mal que las criptas son lo bastante grandes para dar cabida a unos cuantos monstruitos de más…

Draculaura es la hija de Drácula y viene directamente desde Transilvania, en Rumanía. Su padre pensó que mandándola a Londres se le pasaría esa fase de “vegetarianismo” suyo que le hace consumir únicamente sangre de animales. De momento la cosa no parece dispuesta a cambiar, pero lo que sí está haciendo es pasándoselo de muerte con sus amigas en las horas nocturnas, cuando los monstruos salen de sus escondrijos para ir al instituto…

Se ha ido a vivir con Lagoona y Spectra, porque Ghoulia se ha trasladado con Cleo y Deuce. Draculaura tiene una personalidad encantadora, es amiga de sus amigas y es terriblemente enamoradiza. Está preparando la fiesta del siglo… para cuando cumpla 1600 años.

Su canción preferida es Neutron Star Collision, de Muse.

Su frase insignia es: Vam-vam-vampire

martes, 23 de agosto de 2011

Y otro premio para Dolls Crazy House

Una vez más, nuestros amigos Acerico y Rossetti de Barbieholics nos han obsequiado con un premio. En esta ocasión se trata de:

Como requisito del premio, aquí la creadora del blog debe decir siete curiosidades de sí misma para sus lectores. Veamos con qué sorprendo a la audiencia...
1.-El rasgo más distintivo de mi personalidad, a mi entender, queda algo oculto en estos mundos de Internet, y es que soy muy, muy tímida. Me cuesta mucho conocer gente nueva y se me da fatal la típica charla insustancial cuando conozco a alguien, siempre acabo hablando del tiempo... Eso sí, cuando cojo confianza carezco de término medio: de desconocidos a amigos del alma sin paradas intermedias.
2.-Soy licenciada en Historia del Arte, por lo que, me dedique a lo que me dedique, me presento como historiadora del Arte. De todas formas, sólo he trabajado durante un año "escolar", desde que terminé mi máster en mayo de 2010.
3.-Parecerá algo opuesto al coleccionismo de muñecas, pero una de mis grandes aficiones, tras las clásicas lectura y cine, son los videojuegos. Tengo en total cuatro consolas, entre portátiles y de sobremesa, aunque en realidad mi abanico de juegos preferidos es reducido. Además, soy bastante mala jugando.
4.-Desde que mis padres me regalaron un viaje a Berlín al terminar la carrera, Alemania y su gente (en particular la capital, claro) me fascinan. Su historia a lo largo del siglo XX me parece apasionante e incluso me he atrevido a empezar a estudiar el idioma. No os sorprendáis si acabo viviendo allí...
5.-Me saqué el carné de conducir por presión paterna y me costó Dios y ayuda, lo cual no quita que odie conducir a pesar de reconocer su utilidad. Afortunadamente, el coche lo uso poco.
6.-Soy muy ordenada, rayando lo maniático. Me gusta saber dónde tengo cada cosa y me encanta hacer listas de cosas. Los sub-apartados de este blog son buen ejemplo de ello.
7.-Una tontería: no empecé a seguir series de televisión de imagen real hasta hace tres años. Antes sólo veía anime japonés. Actualmente soy fan acérrima de True Blood, Pretty Little Liars, Downtown Abbey y otras que han terminado o se encuentran paradas.

Y ahora, ¡ha llegado el momento de pasar este premio! Los afortunados son:

Y ninguno más que tengo prisa ahora mismo...
¡Gracias de nuevo, Acerico, Rossetti!

miércoles, 17 de agosto de 2011

Desastre a la vista


Vale, sí, lo reconozco: no soporto a Rita. De acuerdo que es el alter ego de mi mejor amiga, pero desde que la vi entrar por esa puerta supe que tramaba alguna de las suyas. Y arrebatarme a Nate delante de mis narices es algo muy propio de Rita Heart. No puedo protestar sin ponerme en evidencia y sin que Nate, se dé cuenta de que me gusta… cosa que pensaba confesarle esta noche, por cierto. Lo malo es que ahora está embobado con Rita de una manera que raya con el ridículo, como el resto de mis invitados, casi todos al menos. Dos compañeras de clase me lanzan miradas asesinas, ¡como si fuera culpa mía que Rita se haya presentado en la fiesta en lugar de Clary! (supongo que en parte sí que tengo yo la culpa, por invitar a mi amiga sin pensar que podría levantarse convertida en su gemela maléfica), y tratan de arrancar a sus novios de la pérfida influencia de Rita, que me parece que ha mirado ya batiendo las pestañas a todos los hombres de la sala. Nate es el más patético de todos, porque contempla a Rita como si el mirar fuese respirar y ella fuese oxígeno, así que, las que no me miran con odio, me miran con lástima. Que a mí me gusta Nate era algo así como un secreto a voces, así que a estas alturas toda la fiesta sabe que me lo acaba de robar impunemente ese zorrón de pelo fucsia.
Me parece que ya he tenido suficiente humillación por hoy ¡Ésta es mi fiesta!
Sólo hay una manera de librarse de Rita: logrando que se duerma para que la consciencia de Clary despierte y se adueñe de su cuerpo, con los cambios físicos pertinentes.
Creo que mientras lo pienso se me ha puesto cara de maldad absoluta, porque Leah se ha acercado y me ha preguntado con genuina curiosidad:
—¿…Te encuentras bien?
Ella es de las pocas que sabe quién es Rita exactamente, así que le suelto sin rodeos:
—Leah, tenemos que dejar K.O. a Rita.
Ella me mira con los ojos como platos y pregunta:
—¿No te estás pasando un poco?
Le lanzo una mirada de refilón y explico:
—No, mujer, no es por eso —creo que es poco convincente, pero prosigo—. Si Rita se duerme, Clary podrá regresar.
—¿Y cómo piensas hacerlo? —Pregunta, con un deje de incredulidad en la voz.
Bueno, ésa es la parte difícil. Si tuviésemos que hacer el proceso contrario, bastaría con emborrachar a Clary, que tiene tolerancia cero al alcohol, pero tratándose de Rita, la cosa cambia… Trato de contener mi expresión de psicópata en potencia al exponer:
—Le golpearemos la cabeza con un objeto grande y contundente.
A juzgar por la manera de abrir los ojos de par en par de Leah, la idea le ha dejado un poco… a cuadros.
—Y… ¿de qué clase de objeto estamos hablando? —Tantea el terreno.
Expulso con fuerza el aire por la nariz.
—Aún no lo sé —confieso—. Ayúdame a buscar.
Así, mientras Rita encandila a mis invitados, Leah y yo nos ponemos a buscar por la cocina. Descartado el extintor para emergencias que mi hermana guarda junto a la nevera (aunque ganas de matar a Rita no me faltan, no debo olvidar que Clary es quien está detrás de todo esto… sin quererlo). Finalmente, me inclino por un clásico: la barra de amasar pan. Aunque la mirada de Leah mientras me golpeo la palma de la mano con expresión vengativa me indica que tiene ganas de quitármelo, la hago callar pidiéndole:
—Dile a Rita que venga. Invéntate cualquier excusa —la cocina está vacía, por suerte—, pero asegúrate de que venga, y sin moscones.
Leah asiente con la cabeza y abandona la cocina. Durante unos instantes me quedo yo sola y se me pasa fugazmente por la cabeza que lo que voy a hacer es una locura, que podría no salir bien y que, como alguien nos pille, podría acabar en comisaría… pero pienso tener la fiesta en paz, literalmente, y no hay Rita que valga.
Hablando del diablo, ahí está. Entra en la cocina lanzándome una mirada de compasión absoluta que me hace fruncir el ceño y pregunta:
—¿Refugiándote para huir de la soledad?
—No estaría sola si no hubieras encandilado a Nate con tus malas artes, bruja —respondo.
—Si la belleza natural es una mala arte, deberían mandarme a la hoguera —chasquea la lengua.
—Estoy de acuerdo en la parte de mandarte a la hoguera —contesto—. Por lo menos, lárgate de mi fiesta. Es a Clary a quien invité, no a ti.
Ella se encoge de hombros con gesto divertido.
—No hay nada que hacer. Clary estaba… indispuesta. Se pondrá muy triste si me echas… porque también la echas a ella.
Chantaje emocional. Un clásico de Rita. Menos mal que tengo mi as en la manga. Sonrío, malévola, y contesto:
—Al contrario: Clary vendrá a la fiesta y tú no tendrás más remedio que marcharte.
Y antes de que tenga una réplica a punto, le golpeo en la cabeza con el rodillo de amasar.

Clary se despierta en mi cama una hora más tarde. A decir verdad, la fiesta ha decaído bastante, y unos cuantos chicos se han marchado al comprobar que Rita ya no andaba por los alrededores. Mi amiga me lanza una mirada interrogante y pregunta:
—¿Qué ha pasado?
—Compruébalo tú misma. Mira lo que llevas puesto.
Cuando Clary baja la mirada hacia el vestido malva que llevaba Rita al llegar a la fiesta, y que ahora luce ella, casi se ruboriza. Esta ropa no es para nada de su estilo.
—¿Ha hecho Rita de las suyas? —Pregunta, titubeando.
—¿Y cuándo no las hace? Pues claro que sí. Pero no pienses en eso, Clary. Ponte algo de mi armario si quieres. ¡Aún queda mucha fiesta por delante!
A ella se le ilumina la cara, y salgo de mi cuarto para dejar que se cambie. Ahora que ha vuelto y la bruja mala se ha marchado, toca divertirse.