jueves, 30 de diciembre de 2010

Un reencuentro inesperado

Sólo con mirar la montaña de cajas de cartón ecológico que me quedan por desempaquetar, me deprimo. Pensaba que lo más duro sería dar indicaciones a los de la mudanza para que colocasen los muebles que he traído desde Belfast sin chocar con los operarios de Ikea que estaban montando unas cosas que compré. Luego pensé que lo más duro sería limpiarlo todo hasta que quedase tan limpio como yo me lo imaginaba. Y ahora resulta que tengo dos docenas de cajas llenas hasta los topes de cosas por ubicar en su sitio. Suspiro, saco mi portátil, lo enciendo y escribo en mi estado en Facebook: “Iniciando Fase 3 de la mudanza. ¿Alguien se apunta?”. Dudo mucho que cualquiera decida echarme un cable, sobre todo porque las únicas personas que conozco en Londres son mis compañeros de trabajo, a los que acabo de presentarme, un indio que repara ordenadores y que antaño les vendía marihuana a mis padres y una prima de una amiga de mi madre, que tiene una peluquería en un barrio marginal al que no planeo acercarme.
         Bueno, cuanto antes empiece, antes terminaré.
         Cojo la primera caja, que pesa como si llevase un cadáver, y la deposito encima de la mesa del salón. Por poco me llevo por delante el portátil, así que lo cambio de sitio y ya de paso pongo música: activo mi lista de reproducción preferida y dejo que la música con la que crecí me anime a ponerme a trabajar.
         La primera caja está llena de libros. Afortunadamente hice un esquema de cómo los colocaría durante el vuelo a Londres, así que no tardo más que un par de horas en ubicar todos mis libros por temáticas entre el salón y mi dormitorio. La verdad es que este apartamento sigue pareciéndome demasiado grande para vivir yo sola, pero estaba tan bien de precio…
         Tengo entendido que el edificio está recién restaurado. Me pregunto cuántos inquilinos hay ya aparte de mí…

         Tres horas más tarde, me doy cuenta de que no he colocado ni la cuarta parte de lo que he traído, pero la casa va teniendo un aspecto más habitable. La lista de reproducción se acaba, así que cierro el reproductor antes de que vuelva a reproducirse en bucle. Me apetece hacer un descanso y charlar con alguien, pero paso de hacer llamadas, así que cojo las llaves y salgo al rellano. A ver si tengo suerte y me cruzo con algún vecino. Nunca está de más conocer a los vecinos, por lo que pueda pasar.
         Me dispongo a subir cuando oigo pasos en la escalera. Me apoyo en el quicio de la puerta hasta que veo aparecer a una chica más joven que yo que lleva varias bolsas del supermercado que hay a la vuelta de la esquina. Se me queda mirando con curiosidad y me pregunta a bocajarro:
         —¿Eres nueva aquí?
         —Sí —respondo. Le tiendo la mano con gesto profesional y me presento—, me llamo Eden Cole.
         —Yo soy Prue Deveraux. Encantada —me la estrecha.
         —¿Quieres que te eche una mano con esas bolsas? —Pregunto.
         —Vale —me tiende dos—. El ascensor no funciona. Hemos llamado al servicio técnico, pero me parece que hasta que no pasen las fiestas no hay tu tía. A veces me da la sensación de que la dueña del edificio pasa de nosotras porque somos cuatro gatos...
         Prue inicia el ascenso y yo la sigo mientras pregunto:
—¿De veras? ¿Somos pocos inquilinos?
         Ella asiente con la cabeza y enumera:
         —De momento estamos nosotras tres, es decir, mi hermana, mi prima y yo, y luego tú, claro. Ah, y la Erasmus, que ahora mismo está en su casa y no vuelve hasta que vuelvan a empezar las clases, claro.
         Vaya. Pues sí que somos pocas.
         Su apartamento está tan sólo un piso más arriba, así que en un suspiro nos plantamos delante de la puerta. Prue rebusca entre las llaves hasta dar con la adecuada y me invita a pasar.
         —¿Te apetece tomar algo? —Pregunta.
         —De acuerdo.
         —¿Qué quieres tomar?
         —Hum... ¿tienes tónica?
         —¡Claro!
         Prue hunde medio cuerpo en la nevera para emerger más tarde con una esbelta botella transparente de etiqueta arrugada. Sirve el líquido en un vaso y me lo tiende mientras me anima:
         —Bueno, cuéntame algo sobre ti. De dónde eres, a qué te dedicas, esas cosas.
         —Pues... —doy un sorbo a la bebida—, nací en Leeds, creo, mis padres nunca vivían demasiado tiempo seguido en el mismo sitio.
         —¿De veras? —Pregunta, festiva, mientras guarda un paquete de galletas en un armario—. ¿En qué sitios has vivido?
         Intento hacer memoria y empiezo a enumerar:
         —Que pueda recordar, en Bristol, en Manchester, en Liverpool...
         —¡Yo soy de Liverpool! —Me corta, emocionada. En ese momento oímos abrirse la puerta—. Ah, mi hermana ha llegado.
         Ella entra en la cocina. Hay algo en su cara que me resulta familiar...
         —Es nuestra nueva vecina. ¿Sabes que vivió en Liverpool? —Le dice. A continuación se dirige a mí—. Ella es mi hermana mayor, Alyssa.
         Se me enciende una bombillita en el cerebro: ¡clic!
         —¡Alyssa! —Exclamo—. En realidad ya nos conocemos. ¿Te acuerdas de mí? Soy Eden Cole.
         Su rostro adopta expresión de asombro mientras Prue nos mira sin entender nada.
         —¡Claro que me acuerdo! Segundo grado en el Colegio Anne Clough. Tus padres te inscribieron allí...
         —Porque tenía nombre de sufragista —termino la frase.
         Prue se apoya en la mesa de la cocina y habla por fin:
         —Perdonad si os interrumpo, pero, ¿a qué viene todo esto? ¿Es una cámara oculta?
         Alyssa pone los ojos en blanco y explica:
         —No te acordarás porque eras muy pequeña, pero Eden era mi mejor amiga en el colegio.
         —Antes de que mis padres y yo nos convirtiésemos en nómadas por Europa, entonces perdimos el contacto —lo cierto es que siempre lo lamenté.
         —Bueno, prácticamente vivíais en la carretera, era imposible enviar cartas. Lo intenté, pero me las devolvieron.
         —¡Ojalá hubiésemos tenido Internet!
         Alyssa esboza una sonrisa y dice:
         —Vamos al salón. Tienes que contarme qué ha sido de ti en estos... ¿cuántos, doce años?
         —Más o menos —tomamos asiento y empiezo a contarle—. Pasamos unos dos años viajando por toda Europa, de mercadillo en mercadillo, viviendo de los collares y cosas de ésas que hacían mis padres. No solíamos pasar más de un mes en el mismo sitio, salvo en invierno... que era cuando yo estudiaba. Mis abuelos me pagaron la escolarización a salto de mata, todavía no sé muy bien cómo logré graduarme en secundaria con una educación tan irregular... Pero bueno, también es cierto que me puse las pilas cuando nos asentamos de forma más o menos estable.
         —¿Dónde fuisteis? —Inquiere.
         —A Florida. Allí estuvimos hasta que terminé el instituto, luego yo me fui a la Universidad en Nueva York y creo que ellos andan por ahí de nuevo, esta vez con una caravana —la verdad es que mis padres... bueno, si no fueran mis padres y no me lo hubiese pasado tan bien con ellos, habría dicho que no eran buenos padres, lo cual no quiere decir, por supuesto, que no fuesen buenas personas.
         —¿Y la carrera? —Me interroga Alyssa—. ¿Cómo te la pagaste?
         Resoplo.
         —¡Trabajé un montón! Durante el curso estaba de camarera en un bar que pertenecía a mi casera, y fui prácticamente su esclava durante los dos primeros años, pero luego logré hacerme amiga suya y al final me dio pena irme y todo. Y en verano curraba en hoteles durante los tres meses, ya fuesen moteles de carretera en Rhode Island o resorts de súper lujo en Hawaii —Alyssa silba con admiración, y me toca preguntar—. ¿Y qué hay de ti?
         —Bueno, no me moví de Liverpool hasta terminar la carrera. El último año me ofrecieron unas prácticas en la revista Chic-Chic y al final me contrataron. Pensaba que iba a ser la chica de los cafés, pero resulta que uno de los miembros de la junta directiva conocía a una de mis catedráticas y le pidió informes míos. Ella le pasó un artículo que escribí para un trabajo y le gustó, así que me asignaron una columna en la sección “Suma y Sigue”. Poco a poco fui escalando posiciones y ahora tengo mi propia página.
         —¡Vaya, enhorabuena! —No podía esperar otra cosa de Alyssa, que con nueve años se pintaba los labios con la barra color fresa de mi madre mientras posábamos como Cindy Crawford delante del espejo de su cuarto de baño—. Yo estoy en la sección de Recursos Humanos en una empresa de telefonía móvil. No es el trabajo de mis sueños, pero se me da bien el trato con la gente, así que no está mal. Me trasladaron a Belfast el año pasado, y desde ayer mismo trabajo en la sucursal de Londres.
         Prue regresa de la cocina después de terminar de colocar la compra y toma asiento en un sillón a nuestro lado. Me vuelvo hacia ella y comento:
         —Puedo asegurarte que cuando te vi en la escalera ni siquiera sospeché que serías la hermana de mi amiga de la infancia.
         —Yo tampoco —responde ella.
         —No es que os tratarais demasiado —dice Alyssa.
         —¿A qué te dedicas tú, Prue? —Pregunto.
         —Estudio Veterinaria —responde, sin dar detalles.
         Le lanzo una ojeada a Alyssa, que con un gesto indica que más adelante me dará los detalles. La verdad es que estoy contenta: aunque seamos poca gente, me alegra que haya caras conocidas.
         Prue se saca el teléfono móvil del bolsillo y marca un número antes de llevárselo al oído.
         —Esto puede ser divertido —se me escapa.
         —Pues todavía no has visto nada.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Mina


Modelo: J-Doll X-117 negen (de 9 straatijes) (Jun Planning, 2008)
Molde de cuerpo: Type 3 Pullip
Molde de cara: J-Doll

Wilhelmina van Serooskerken, alias Mina, es hija de un famoso geólogo holandés, pero ella no ha heredado la pasión de su padre por las piedras. De hecho, a ella lo que le gusta es el cine. Aunque sus padres no lo tenían muy claro, finalmente le dejaron estudiar Audiovisuales en la Amsterdamse Hogeschool voor de Kunsten. Era una devota de Ingmar Bergman hasta que descubrió la etapa británica de Hitchcock y se esforzó todo lo que pudo y más hasta que le dieron una beca para estudiar en Londres.

Mina es callada, algo misteriosa a veces. La gente suele adivinar que es extranjera antes incluso de que abra la boca (es un misterio), y eso que habla un inglés perfecto, sin acento casi. Se preocupa mucho por su apariencia (¿acaso no lo denotan esos tirabuzones siempre perfectos?) y tiene una curiosa manía: le gusta que los zapatos le vayan grandes. Escribe cada entrada de su diario en dos idiomas y en dos colores: rojo para el inglés, azul para el neerlandés.

Su canción preferida es Moon, de Sia.

Su frase insignia es: Het Wilhelmina

Eden


Modelo: Barbie Basics #07-001 (Mattel Black Label, 2010)
Molde de cuerpo: ModelMuse (original) hibridada con Pivotal 2/Articulated
Molde de cara: Aphrodite

Eden June Cole es hija de una pareja de hippies británicos. Asistió al colegio con Alyssa y fueron muy amigas durante los cuatro años que pasó en Liverpool antes de que sus padres decidieran que hacerse sedentarios era de viejos y tomaran su vieja furgoneta Volkswagen, con la que recorrieron media Europa vendiendo artesanía en mercadillos varios. Cuando la furgoneta les dejó tirados, decidieron probar suerte en América y recalaron en Clearwater, Florida, donde conoció a su mejor amiga y compañera de piso, Andrea.

Eden aparenta ser mucho más atolondrada de lo que en realidad es. Aunque su actitud es siempre optimista y le encanta gastar bromas, a la hora de la verdad es increíblemente organizada y constante, probablemente a causa de haber crecido en un hogar sobre ruedas en el que pronto quedó claro que tenía más sentido común que su padre y su madre juntos. Cae bien a todo el mundo y hace amigas con facilidad, pero con los chicos es muy exigente, tal vez demasiado.

Su canción favorita es Lucy in the sky with diamonds, de Los Beatles.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Pam... y la mató


Si Alyssa dice que Pam vive en el 1º B, es que vive en el A. Cuando pulso el timbre y oigo el inconfundible taconeo al otro lado de la puerta, me doy cuenta antes de que ésta se abra de que tengo razón.
¡Bingo!
Mi prima Pam alza sus cejas perfectamente simétricas, no sin cierta sorpresa, y dice:
—Prue.
Veo que hoy no es precisamente el Día Internacional del Ingenio, así que me limito a sonreír y a saludarla:
—Hola, Pam.
Enseguida compone una cautivadora sonrisa. Ya estoy oyendo a mi hermana: diría que la ha sacado de su Catálogo de Sonrisas Prefabricadas, página siete.
—Pasa, por favor.
No me hago de rogar y paso al salón, decorado con muebles de diseño. Echo un vistazo a su sofá de velour blanco y no tardo en desestimar la idea de sentarme. Echaría a perder unos muebles tan elegantes, no pegan con mis botas de plataforma color rosa. Me vuelvo hacia Pam, ahora a mi lado.
—¿Has venido a ver a tu hermana?
La mirada de Pam podría congelar el hielo. Es reconfortante comprobar que los sentimientos de Alyssa son recíprocos.
—Ehm… en realidad he venido para quedarme. Voy a estudiar en Londres.
—¿De veras? —Pam se adelanta y se apoya en uno de los brazos de su sofá de velour blanco. Mientras la miro, pienso que si yo tuviera ese sofá, sería de color verde lima—. Me comentaron algo de tus estudios… Has escapado bien, ¿no?
Ladeo un poco la cabeza.
—Bueno… me han expulsado por suspenderlo todo.
Ella se encoge de hombros.
—Bueno, hay cosas peores.
Alzo una ceja casi sin darme cuenta. Claro, Pam es modelo, aunque ya no ejerza. Supongo que esas “cosas peores” a las que se refiere son levantarse una mañana con bolsas en los ojos o algo por el estilo. Me encojo ligeramente de hombros y le doy la razón:
—¡Claro!
—¿Vas a volver a intentarlo, entonces? —Pregunta.
—Sí.
—¿La misma carrera?
—Exacto.
—Qué bien.
Y así, se agota la conversación relativa a los estudios. Si hubiésemos empezado hablando de vestidos palabra de honor, me estaría dando un mitin. Pero como Pam es muy buena en su trabajo, que a fin de cuentas es más o menos entretener a la gente, hace un gesto en dirección a la cocina como si me estuviese enseñando el alicatado y me pregunta:
—¿Te apetece algo de beber?
Imagino que es mi oportunidad de oro para probar una copa de ese champagne rosado súper caro que siempre tiene en la nevera (o al menos eso dijo en su última entrevista en Vanity Fair), pero me sale sin pensar:
—Si tienes coca-cola, sí.
—Por supuesto —sonríe—. Siéntate, como si estuvieras en tu casa.
Mientras ella se marcha a la cocina, contemplo su sofá una vez más. Los sillones de cuero marrón chocolate de Alyssa me hacen sentir más en casa que ese velour blanco de mírame y no me toques. Aunque sé que es una solemne tontería, aplazo el inevitable momento de sentarme curioseando entre sus estantes, con pocos objetos ubicados de manera un tanto aleatoria, y nuevamente me viene a la cabeza mi hermana mayor, que en alguno de sus artículos malvados diría que no se sabe si la disposición se debe a un feng shui  de pacotilla o a una decoración vacía de utilidad. Eso, si le dejaran escribir un artículo con el que Pam mordiese el polvo, que no creo que se lo permitan, siendo Pam tan famosa como es. Supongo que en el fondo eso es lo que más molesta a Alyssa.
—Ya estoy aquí.
Me giro como impulsada por un resorte y sonrío mientras cojo el vaso que me ofrece, que por cierto está helado. No aguanto más la curiosidad, así que le pregunto a bocajarro:
—¿Cómo es que te viniste a vivir aquí estando mi hermana en el último piso?
Sin perder su sonrisa profesional, Pam responde:
—Todavía no estaban instalados los buzones y no tenía manera de saber que era la única que había adquirido un piso por encima del subsuelo. Si llego a saberlo, me habría ido a la otra punta de Londres.
A duras penas esquivo el veneno que ha soltado con sus palabras, pero sus palabras me llaman la atención.
—¿No vive nadie más en el edificio aparte de nosotras tres? —Pregunto.
—Sí, las criptas están habitadas —responde mi prima, con naturalidad.
—No —sacudo la cabeza—. Me refiero… por encima del subsuelo, como tú dices.
Pam suspira.
—No, sólo estamos nosotras tres.
—¿Y eso no os da un poco de… ya sabes, mal rollo?
—Por supuesto. Nunca sé cuando a Alyssa le va a dar un ataque de locura y va a bajar a asesinarme, corroída por la envidia.
Cómo se pasan. Si es que están siempre igual.
—No me refería a eso —protesto.
—Pero yo sí.
Vaya, genial. He abierto la caja de Pandora. Con lo bien que estaban odiándose las dos en silencio, cada una en una planta. Doy un largo trago de coca-cola y vuelvo a echar un vistazo en torno a la sala de estar. Una gran foto en blanco y negro, en la que no había reparado hasta ahora, me llama la atención. En ella aparece Pam retorciéndose un mechón de pelo llevando unos enormes pendientes. Me levanto y me acerco para verla un poco mejor. Sólo cuando me encuentro a menos de un metro de ella reparo en la diminuta línea de palabras en una esquina del borde blanco que rodea la imagen. En ella se especifica que el fotógrafo es nada menos que Jake Wyld. Me giro en dirección a mi prima, ahora a poca distancia de mí, boquiabierta.
—¡Tienes una foto de Jake Wyld!
—Por supuesto, cariño. Era un don nadie hasta que sacó esa fotografía —responde, muy ufana.
Me vuelvo de nuevo hacia la imagen. Es cierto: viendo a Pam, la instantánea data sin duda de sus días como modelo. Me pregunto cómo permitió una top model de primera fila como ella que la fotografiase un desconocido, y debe estar leyéndome la mente, porque empieza a explicar:
—Éramos amigos. Él trabajaba de ayudante en la agencia en la que empecé, y le conocí cuando yo ya empezaba a hacerme famosa. Siempre bromeaba diciendo que tenía que hacerme una sesión de fotos, pero sinceramente, no me parecía que fuese fotógrafo de verdad. Hasta que fui a su casa y vi su estudio, no le tomé demasiado en serio. Y aquel día, tomó esta fotografía. Logré que la publicaran en Vogue América y voilà. Podría decirse que es famoso gracias a mí.
Miro la fotografía una vez más y no puedo resistir la tentación de preguntarle:
—¿Te liaste con él?
Pam hace una caída de ojos.
—¡Por supuesto que no! No es mi tipo en absoluto. Además… —se acerca aún más—, ya sabes lo que pasa si te lías con un amigo: esa relación desaparece para siempre.
—Supongo… —digo. Lo cierto es que pienso en Dan, que… bueno, era mi amigo y dejó de serlo. Menuda mierda.
Pam da un par de pasos con sus piernas kilométricas y queda bastante cerca de mí.
—Pareces pensativa. ¿Has dejado a algún “amigo” en Oxford? —Pregunta. Será perspicaz la muy guarra.
—Podría decirse que sí —confieso. Me alegra tener a alguien a quien contárselo… y ni en sueños sería Alyssa esa persona. Pero por si acaso, desvío un poco su atención de ese tema tan peliagudo—. A más de uno, en realidad.
—Uhh —Pam esboza su sonrisa de tres mil dólares, y comprendo que me ha malinterpretado.
—No, no, no me refiero a esos “amigos” —hago el gesto de entrecomillado con los dedos de la mano izquierda—. Es decir, allí siempre iba con un grupo de amigos en general, y bueno, ellos siguen allí.
Muy especialmente Sandra, mi mejor amiga desde pequeñas, que por cierto ahora está saliendo con Dan. Zorra. Para desahogarme, doy un trago largo de mi coca-cola, cuyo efecto más remarcable es que me clava todo su frío en el fondo de la garganta y me hace toser un poco. Lástima que no tenga un buen chorro de ron. Pam me quita el vaso de la mano con amabilidad, como dándome a entender que no debería beber más, lo cual no deja de ser una tontería teniendo en cuenta que no era más que una inocente coca-cola… pero bueno, lo mismo da. Me encojo de hombros y comento:
—Creo que iré a instalarme. Me parece que he dejado la maleta en mitad del pasillo, y a lo mejor Alyssa la ha tirado por el balcón o algo.
Pam alza una ceja.
—Sí, eso suena muy propio de ella.
Nota mental: sacarle el puñal de la espalda en cuanto llegue a casa.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Los cameos de Dolls Crazy House

Cuando Pam se instaló en Dolls Crazy House y empezó a ordenar sus cosas, se topó con una de sus fotos preferidas: una imagen sacada a su abuela materna, Helga Waaktaar, en 1930. Tenía dieciocho años.


Ni qué decir tiene que posar en lencería en aquella época era verdaderamente escandaloso, aunque fuese su prometido quien apretaba el disparador de la vieja cámara de fotos. Era un gran aficionado a este arte, pero tardó mucho en abandonar el sepia para sumarse al blanco y negro. Nunca asumió la implantación del color en la fotografía.

La abuela Helga es una Silkstone, concretamente el modelo Tout de Suite.

martes, 9 de noviembre de 2010

La llegada de Prue

Debo reconocer que no me creí del todo que mis padres hubiesen sido capaces de encasquetarme a mi hermana hasta que la he visto en el umbral de la puerta de mi loft, con una bolsa de viaje en cada mano y una sonrisa tan deslumbrante que por poco me pongo las gafas de sol.

—Te veo muy contenta —le espeto, con poca simpatía.

—¿Y por qué no iba a estarlo? —Responde ella, risueña como siempre.

—Bueno, teniendo en cuenta que te han expulsado de Oxford por suspender hasta el recreo, yo no estaría tirando cohetes, precisamente.

—Alyssa querida, no sabes cómo deseaba que me dieras la bienvenida.

No tengo más remedio que hacerme a un lado para dejarle pasar. Sin recato alguno, Prue suelta las bolsas en mitad de la salita y se abalanza sobre mi estantería de diseño, husmeando todos los rincones. En breves instantes empezará a toquetearlo todo y a preguntarme la procedencia y utilidad de cualquier objeto que brille o tenga plumas. Es como un animalillo, siempre lo ha sido.

—Por cierto, tu habitación es aquélla —digo, señalando una puerta abierta, mientras me desplomo en un puff con la esperanza de que ese dato la distraiga de mis cosas.

Francamente, no esperaba que funcionase tan bien: Prue se aleja de la estantería para adentrarse en la habitación. No obstante, no tarda ni dos segundos en volver a salir para quejarse:

—¡Pero si no es más que un cuchitril!

—¿Y qué esperabas, la suite nupcial? Te recuerdo que tu estancia aquí no era precisamente uno de mis planes de futuro.

Prue se cruza de brazos.

—Más bien, en tus planes de futuro no entra la estancia de nadie. Ni siquiera tienes habitación de invitados.

No puedo evitar el alzar una ceja.

—¿Y eso se supone que es un problema?

—Más bien se trata de una crítica, hermanita.

Echo la cabeza hacia atrás y me río de forma cínica.

—Quizá aún no lo sepas porque eres demasiado joven, pero los invitados que se quedan a dormir lo hacen en mi cama —explico, utilizando mi tono de voz más sugerente.

Prue me sostiene la mirada durante un segundo y pasa el peso de su cuerpo de una pierna a otra.

—Pues deben aburrirse muchísimo —me suelta. Me quedo sin habla durante un momento, y ella aprovecha para seguir hablando—. Bueno, si no hay ningún otro sitio, dormiré en el cuarto de las escobas. Casi es mejor, porque papá y mamá esperan que saques brillo a tu látigo de arpía malvada en mi espalda y me obligues a estudiar.

—¿Yo? —Pregunto, incrédula—. No cuentes con mi disciplina. Bastantes cosas tengo que hacer, y además, ya eres mayorcita.

—E irresponsable —añade, como si fuese una virtud.

—Me consta —replico—. De lo contrario, no vivirías aquí.

Ella se encoge de hombros.

—Cosas que pasan. En fin, voy a instalarme. ¿Hay alguna norma específica que deba conocer?

—Supongo que debería haber preparado alguna, pero… no, me parece que no. Cada una cocina lo suyo, y de la limpieza no te preocupes, tengo asistenta.

—Jo, Alyssa, sabía que estabas montada en el dólar, pero eso de tener asistenta en un piso de soltera es… como de peli de Hollywood.

—Me lo tomaré como un cumplido —respondo, con un suspiro teatral—. Ah, una cosa más: en el sótano del edificio no están las calderas, ni hay trasteros ni nada de eso. Allí abajo están las criptas, que por cierto, también están habitadas. ¿Me sigues?

Prue asiente a cámara lenta mientras procesa la información. Al menos, espero que esté haciéndolo. El hecho de que los monstruos vivan sus vidas de manera normal durante la noche de la misma manera que nosotros lo hacemos durante el día convierte el concepto de rutina en algo muy distinto de lo que era hasta hace unos… cinco años, momento en que se revelaron al mundo. La dueña del edificio demostró su visión en materia de negocios cuando, en plena remodelación del edificio, los monstruos revelaron su existencia y ella decidió construir las dos criptas del sótano. Aunque pocos pisos están ocupados porque el edificio es muy nuevo, las criptas sí que tienen habitantes. Y cuando me preguntan, siempre respondo lo mismo: que son muy majos. Pero por si acaso, es mejor avisar a mi inconsciente hermana pequeña, porque aunque confío en Cleo, Deuce y Lagoona, no sé qué clase de amigos tienen, y no me gustaría nada que mis padres se presenten cualquier día a hacer la inspección y se encuentren con Prue momificada en un armario.

Además, dudo mucho que mis ambientadores de lavanda pudiesen ayudar a mantener la atmósfera.

Lo cual me recuerda…

—Por cierto, si te encuentras a Pam en el ascensor, no pienses que viene de visita. Es que también vive aquí.

Prue me lanza una mirada sorprendida que no tarda en verse sustituida por una sonrisa cargada de sarcasmo.

—Estarás tirando cohetes —dice.

—¿No ves mi voluntad de celebrarlo? —Pregunto, sin mover un dedo.

—Ya es casualidad —mi hermana se acerca para tomar asiento en uno de mis sofás—, que de todas las casas en alquiler que hay en Londres, y con el dineral que tiene Pam, se haya decidido a alquilar un apartamento en el mismo bloque que tú. ¡…Espera! Creo que hay una razón metafísica. Debe ser un castigo divino.

Cuando termina de exponer su absurda tesis, le dedico una escéptica mirada.

—Claro, ¿cómo es que no se me había ocurrido? —Digo.

Prue ladea la cabeza y me mira de esa manera que sólo miran las madres a los niños pequeños cuando se niegan a hacerse amigos de los nuevos vecinos.

—Es nuestra prima —me recuerda.

—Ya lo sabía, Prue —respondo—. Hace veinticuatro años que la conozco, veinticuatro años en los que nunca me ha caído bien.

Ella alza una ceja.

—Debiste ser muy precoz si a la edad en que los niños carecen de uso de razón tú ya eras capaz de odiar a Pam.

—Obviamente, sí.

Mi hermana suelta una carcajada se incorpora.

—De todas formas, deberías decirme cuál es su piso. Ya que yo no la detesto, debería pasarme a saludar, aunque sea.

—Tú misma —me encojo de hombros—. Es el 1º… B, me parece. No estoy segura. Llama a los dos timbres.

Prue exhala un prolongado suspiro.

—No tienes remedio. Bueno, me voy.

La oigo caminar en dirección a la puerta, pero no pasan ni cinco segundos cuando vuelve:

—¿Y mi llave?

Alzo la cabeza para mirarla a los ojos y respondo con aplomo:

—Todavía no te la he hecho.

A Prue se le descuelga la mandíbula.

—Veo que estás en todo, hermanita —acaba diciendo.

Me encojo de hombros, restándole importancia.

—Tengo mucho trabajo. De todas formas —me pongo de pie— hoy no saldré: tengo que terminar un artículo para la revista. No te preocupes, no dormirás en el rellano.

—Me quedo mucho más tranquila —responde, y tras dar media vuelta, camina a grandes zancadas hasta la puerta de mi apartamento, que cierra tras de sí con indignación.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Pam



Modelo: Barbie Best Models On Location: Barcelona (Mattel Pink Label, 2006)
Molde de cuerpo: ModelMuse
Molde de cara: Lara

El nombre completo de Pam es Pamela Johanne Bolton. Es una modelo retirada que se dio a conocer con el nombre artístico Pam B; más adelante se lo cambió a Pam Bright. Actualmente ejerce de imagen de la marca de cosméticos BEcoME, dentro de la que tiene su propia línea de maquillaje, B is for Beauty, y dos perfumes: Bright y BeJeweled. Posee parte de las acciones de la firma.

Tiene lazos familiares con algunas de las chicas de la casa; en concreto, es la hermana mayor de Synnöve y Chelsea, y es prima de Alyssa y Prue. Su madre es noruega. 

Su letra preferida es la B; su taco predilecto, bitch. De hecho, es bastante malhablada, algo que nunca deja de sorprender a quienes sólo la conocen a través de las revistas.

Ha sido muy famosa como modelo y aún hoy es un icono de belleza, en parte gracias a las pasarelas, pero también como musa de un fotógrafo llamado Jake Wyld, amigo suyo por cierto, que alcanzó la fama gracias a las fotografías que le sacó. Por eso es un tanto egocéntrica y está acostumbrada a que sus caprichos se hagan realidad.

Su canción preferida es Dirrty, de Christina Aguilera.

Su frase insignia es: B is for Beautiful Bitch.

Participación de Pam en Who wore it better?:

jueves, 4 de noviembre de 2010

Lagoona


Modelo: Monster High Basic Wave 1 Lagoona Blue (Mattel, 2010)

La tercera habitante de las criptas de Dolls Crazy House es Lagoona Blue, hija del Monstruo Marino, un papá superprotector al que le costó bastante dejar irse de casa a su azulada retoño.

Lagoona es conocida en el instituto por tres cosas: la primera es que es una de las pocas criaturas acuáticas que se han atrevido a abandonar su líquido elemento para inscribirse en el prestigioso centro para monstruos. La segunda es que ostenta el título de capitana del club de natación. Y la tercera es que tiene un don innato para llevarse bien con todo el mundo, sin excepciones.

Lagoona es extremadamente afable hasta con los no-monstruos, y aunque a más de uno le cuesta acostumbrarse a sus aletas y al olor a sal que nunca se le despega, su desparpajo logra enganchar a cualquiera. Es muy positiva porque es de las que ven la botella medio llena, y no hay persona en toda la Tierra (ni en los mares) de la que no pueda decir algo bueno. Tiene una mascota: una piraña llamada Neptuna.

Su canción preferida es Dog days are over, de Florence + The Machine.

Su frase insignia es: Fintastic!

lunes, 25 de octubre de 2010

Deuce


Modelo: Moster High Basic Wave 1 Cleo de Nile and Deuce Gorgon Giftset (Mattel, 2010)

Deuce Gorgon es el compañero de cripta y novio de Cleo. Hijo de Medusa, ha sido capaz de alcanzar una inmensa popularidad en Monster High pese a ese molesto poder suyo de convertir a la gente en piedra.

Conocido como "el chico más atractivo de todo Monster High", y a sus dieciséis añitos no le faltan admiradoras. No obstante, él apuntó a lo más alto y decidió arriesgarse a salir con alguien de la realeza. Aunque esto le da algunos quebraderos de cabeza, en el fondo es feliz. Él conoce el lado más tierno de Cleo... y es probable que sea el único.

Aunque va de guaperas, en el fondo es un buenazo. Tal vez se preocupe más por las apariencias de lo que debería, por eso esconde su gran afición: la cocina. Pese a su juventud, es un gastrónomo consumado, fan de la experimentación culinaria. Su mascota es una rata de dos colas llamada Perseus.

Su canción preferida es Lose yourself, de Eminem.

Su frase insignia es: I don't wanna rock... you out

Cleo


Modelo: Moster High Basic Wave 1 Cleo de Nile and Deuce Gorgon Giftset (Mattel, 2010)

A diferencia de las Deveraux, Cleo no vive en un luminoso loft. Su casa es una cripta bajo tierra, decorada como un verdadero palacio del Imperio Antiguo egipcio.

¿Quién no conoce a la famosísima Cleo de Nile, hija de la Momia y chica más popular del instituto Monster High? Su puesto como jefa de asustadoras y su noviazgo con el chico más guapo de Monster High, Deuce Gorgon, no hacen sino aumentar su popularidad.


Cleo vive con Deuce en una de las criptas, y viven de noche como los demás viven de día... lo cual no quiere decir, por supuesto, que no hagan vida en común con las demás inquilinas de esta Casa de Locos. Cleo ronda los 5842 años y no tiene un carácter especialmente sencillo: cuando nació, pertenecer a la realeza no se reducía a posar para las revistas del corazón en eventos oficiales. Le gusta dar órdenes y no concibe que éstas no sean obedecidas. Tiene como mascota una víbora llamada Hissette.

Su canción preferida es If you can afford me, de Katy Perry.

Su frase insignia es: Because I said so!

domingo, 24 de octubre de 2010

Prue



Modelo: Barbie Fashionistas Wave 2 Sporty (Mattel playline, 2010)
Molde de cuerpo: Fashionistas 2
Molde de cara: Summer

Prue es la segunda inquilina, y ni siquiera paga alquiler...  Prue es una Barbie Fashionistas 2010, concretamente el modelo Sporty (¡y hay que ver lo que sufrí hasta conseguirla!).

Prue es el diminutivo de Prudence. Esa bromita de nombre es obra de su padre, un fanático total de los Beatles que soñaba con dar a toda su prole nombres que apareciesen en las canciones de los cuatro de Liverpool. Al final sólo lo consiguió con Prue, ya que la madre de ambas se negó en redondo a llamar Sadie a su primogénita (a veces Prue llama Sadie a Alyssa, sólo por pinchar). El nombre completo de Prue es Prudence Anaïs Deveraux. Vive de gorra en el loft de su hermana mayor, Alyssa. Es también prima de PamSynnöve y Chelsea. Sus mejores amigas son Clary y Leah.

Tiene diecinueve años y ha aterrizado en el hogar dulce hogar de su hermana mayor después de ser expulsada de Oxford, donde suspendió todo el primer curso de Veterinaria. Por esa razón se apresta a volver a intentarlo... en otra universidad. No obstante, no parece ir por el buen camino... Prue no es demasiado estudiosa que digamos. Es una juerguista de cuidado, algo que no contrasta con su marcado optimismo pero sí con su siempre inesperada ingenuidad.

Su canción predilecta es Runaway, de Avril Lavigne.

Su frase insignia es: Flatter me with your smile.

Alyssa



Modelo: Barbie Basics #03-001 (Mattel Black Label, 2010)
Molde de cuerpo: ModelMuse
Molde de cara: Steffie

Alyssa Eveline Deveraux rabaja como columnista para una famosa revista de moda. Posee un carácter complicado, ya que es algo altiva, pero tiene la cabeza sobre los hombros y da buenos consejos. Cree en el trabajo duro y en el valor del esfuerzo personal. Le encanta comer pastelitos cuando está de buen humor y beber batidos gigantescos cuando está deprimida. En cuanto a su manera de mantenerse en forma, es un misterio. No le gustan los diminutivos, de manera que no permite que nadie se dirija a ella por otro nombre que no sea Alyssa. Es la hermana mayor de Prue, prima de Pam, Synnöve y Chelsea, ex compañera de trabajo de Shannon y fue al instituto con Eden.

Su padre tiene antepasados franceses, y la familia Deveraux conserva algunas costumbres originarias de ese país. Alyssa lucha para erradicarlas de su rutina, pues no le gustan nada los franceses.

Padece cierta manía persecutoria, de manera que siempre que sale a la calle piensa que hay alguien siguiéndola para arrebatarle los secretos de la revista. Por esa razón lleva su labor profesional muy en secreto.

Llevaba la vida independiente que siempre había deseado hasta que sus padres mandaron a vivir con ella a su hermana menor. Desde entonces ha dejado de existir la rutina...

Su canción preferida es Everything to lose, de Dido.

Su frase insignia es: These stilettos are made for walking.


Participación de Alyssa en Who wore it better?:
Concursante: Season 1 - Session 6Season 2 - Session 6
Ganadora: Season 1 - Session 6
Presentadora: 
Season 2 - Session 7