lunes, 31 de enero de 2011

Las primeras imágenes oficiales

Llevaba un tiempo ya pensando en poner unas fotos de las inquilinas de Dolls Crazy House, pero la petición de Rossetti ha terminado de animarme. De momento no he podido hacer demasiadas, ya que con el invierno la luz es malísima, y por si fuera poco, mi casa, que es el principal escenario de mis fotografías, es bastante oscura también... En fin, aún así, espero que las disfrutéis. He decidido ir por partes, y la primera que nos mostrará sus mejores imágenes es Alyssa... es de la que hay más fotos, todo hay que decirlo.

Ésta es la primera fotografía que le saqué, y me gustó tanto cómo salió que la cutre-edité y le puse esa foto del Retiro que tomé en verano. Se nota muchíiiisimo que son fotos diferentes, pero por alguna razón, me gusta el resultado.

Alyssa con el look #02-001 de Barbie Basics, el primero que tuve. Llegaron a casa el mismo día y, por alguna razón, me siento como si esos accesorios dorados le pertenecieran.

Alyssa se informa de las novedades en el mundo de la moda... Ella trabaja en una revista, así que tiene que estar al día.

Ésta es una de mis fotos preferidas. Parece una personita de verdad.
Preparada para una fiesta privada organizada por la revista en la que trabaja. Alyssa tiene mucho estilo.

Alyssa con Prue, su hermana menor. No es que se lleven de maravilla, pero se soportan bastante bien.

Alyssa y Pam, enemigas irreconciliables desde la adolescencia.
Bueno, espero que os hayan gustado estas fotos. Estoy deseando que mejore un poco el tiempo para sacar algunas más...

Una más en el edificio… y sumando


He preparado el futuro dormitorio de mi hermana con esmero durante una semana. Por suerte, la campaña especial de Navidad lleva rodada y fotografiada desde marzo, así que salvo un par de eventos oficiales, es decir, fiestas, he estado bastante libre. Cuando mi madre me llamó comunicándome que el rumoreado traslado de mi padre era definitivo, supe antes de que llegase a proponérmelo que Synnöve se quedaría en mi casa, y la verdad es que me hace mucha ilusión. Hace tiempo que quiero reforzar los lazos con mi hermana pequeña, y ésta parece la ocasión propicia.

         Llegará hoy. Retoco por enésima vez los cojines de terciopelo que he colocado sobre la colcha de color albaricoque y muevo un poco el sillón de mimbre blanco para que quede en la posición en que lo había imaginado. La verdad es que me ha quedado una habitación de revista, para qué nos vamos a engañar.

         Noto la vibración del teléfono móvil en el bolsillo trasero del pantalón –siempre lo tengo en silencio, odio los timbres-, y descuelgo sin mirar el número.
         —¿Diga? —Pregunto, con mi habitual tono profesional.
         —¿Pam? —Oigo a la voz de mi hermana—. Estoy en el portal, ¿qué piso era?
         —Es el 1º A. Espera, iré a abrirte.
         Sin colgar, atravieso el piso hasta llegar al telefonillo. Pulso el botón unos segundos, viendo a mi hermana por la cámara instalada en el portal. Lleva una maleta enorme y una bolsa de viaje, y se ve en verdaderas dificultades para abrir la puerta empujándola con el hombro. Cuelgo los dos teléfonos y saco de la nevera un par de coca-colas light. Cuando suena el timbre de la puerta, estoy emocionada y todo.
         Al abrir la puerta, abro los brazos para recibir a Synnöve con un abrazo:
         —Hermanita —la saludo.
         —Hola —ella esquiva mi abrazo y entra directamente al descansillo, donde deja sus bultos con desgana—. ¿Tienes algo de beber?
         —En el cuarto de estar —respondo, guiándola hasta los refrescos que he preparado.
         Synnöve se acoda en la mesa y da un sorbo a su coca-cola. Entorna las pestañas, con gesto de estar estudiando su burbujeante superficie, pero no dice absolutamente nada.
         —He preparado tu cuarto —le digo. Espero unos segundos a que me pregunte si quiere verlo, pero debe estar cansada, así que soy yo quien pregunto—. ¿Te gustaría verlo?
         —Vale —responde, con poco entusiasmo.
         Con el vaso en la mano, la guió por el corredor.
         —Éste es mi dormitorio —señalo, únicamente a modo de referencia. Al llegar a su habitación, bastante más pequeña que la mía pero de lo más coqueta, señalo con orgullo el resultado de mi trabajo—, y aquí dormirás tú.
         Synnöve se asoma un poco, con cuidado, como si temiese manchar la alfombra al pisarla. No me cabe la menor duda de que se ha quedado sin palabras. Mientras ella contempla la habitación, me entretengo estudiando sus facciones. Synnöve salió a papá, con sus facciones suaves que le hacen aparentar algunos años menos de los diecisiete que tiene, sus ojos de color azul intenso y ese cabello rubio con un matiz rojizo que parece acentuarse cuando se compara con el mío, que es rubio platino. Yo salí más a mi madre, y a sus genes escandinavos debo parcialmente mi éxito en el mundo de la moda. Aunque ya me haya retirado, me consta que sigo siendo un referente dentro del mundillo.
         Pero volvamos a mi hermana. Synnöve retrocede al pasillo y echa una última ojeada a la habitación antes de comentar:
         —Parece sacada de una casa de muñecas —sonrío, halagada. Es justo lo que esperaba oír—. ¿Puedo poner un par de pósters?
         La pregunta me hace torcer ligeramente el gesto, no puedo evitarlo, pero me recompongo enseguida y respondo:
         —Claro, estás en tu casa. Pero detrás de la puerta, donde no se vean desde fuera.
         —Hecho —responde simplemente.
         Regresa por el pasillo, y yo la sigo. Synnöve no es muy habladora, pero lo prefiero. Vuelve a sentarse junta a la mesa donde espera su coca-cola y deja caer:
         —Papá me dijo que Prue y Alyssa viven aquí también.
         Francamente, esperaba que el tema saliera, pero no tan pronto.
         —Sí —admito—, viven aquí. En el último piso, me parece.
         —¿Las ves mucho? —Pregunta.
         —Por suerte no —mi hermanita debe estar al corriente, como toda nuestra familia, de que Alyssa y yo no podemos ni vernos.
         Ella apoya la barbilla en el hueco de la mano.
         —Espero que no te importe que yo sí las vea.
         Le lanzo una ojeada con las cejas alzadas, incrédula, dándole a entender que se acabará cansando de ellas, pero acepto:
         —Por supuesto que no —debo atraer su atención, y tengo el plan perfecto. Doy una palmada alegre y le pregunto—. ¿Qué te parece si nos vamos de compras? Yo invito, faltaría más.
         —Pues… —Synnöve parece dudar. Echa un significativo vistazo a su equipaje y comienza a excusarse—. Debería deshacer la maleta…
         —Tonterías, eso puedes hacerlo luego —me pongo en pie y cojo mi bolso, que hasta entonces descansaba en uno de los sofás—. No iras a perder la oportunidad de quemar plástico con tu hermana mayor, ¿verdad?
         Synnöve me mira con la boca entreabierta. Es obvio que he vuelto a dejarla sin palabras, y es que una oferta como ésta no se la hacen a una todos los días. Me pregunto qué pasa ahora mismo por esa cabecita suya.
         —De acuerdo, vamos —acaba claudicando—. Pero espera, tengo que sacar un bolso de la maleta.
         —Está bien, te espero —trato de mostrarme amable, aunque esperar no es precisamente uno de mis grandes hobbies. En ese momento recuerdo que debo decirle que no abra la maleta encima de la cama, pero Synnöve ya ha desaparecido por el pasillo.
         Cuando por fin llega al recibidor, me apresuro a hacerla salir y echo la llave. Por la escalera suben una de nuestras vecinas, la pelirroja, acompañada de una chica de cabello rubio y rizado. Al oírla hablar, reconozco un inconfundible acento californiano. Debo haberme quedado con cara rara, porque Synnöve me pregunta:
         —¿Las conoces?
         —A una sí, de vista. Y la otra… en fin, parece que tenemos más de una nueva inquilina en el edificio —respondo.
         El ascensor llega justo a tiempo para que dé comienzo nuestro ansiado día de compras.

domingo, 9 de enero de 2011

Andrea


Modelo: Barbie Basics #06-001 (Mattel Black Label, 2010)
Molde de cuerpo: ModelMuse
Molde de cara: Carnival

El segundo nombre de Andrea Janis Peterson procede, naturalmente, de Janis Joplin, la cantante favorita de sus padres. Nació en Tallahasse, Florida, pero siendo muy pequeña sus padres se mudaron a una especie de comuna en Clearwater. Allí conoció, años más tarde, a Eden, su mejor amiga.

Tiene veinticuatro años y es guionista de series de televisión. Su primera creación, Flower Power, que parodia la forma de vida de los hippies a principios de los años setenta, le valió numerosos reconocimientos, pero un conflicto con la cadena de televisión le hizo abandonar la serie. Andrea se vio en la calle de repente y, como es impulsiva, no se lo dudó dos veces cuando Eden le propuso que se fuese a Londres con ella. La BBC ha decidido poner a prueba su renombrado talento encargándole una miniserie de Cumbres borrascosas que enganche al público adolescente.

Andrea es muy alegre y positiva, toda una especialista a la hora de animar a los demás. Habla hasta con las piedras y todos los vecinos se conocen al dedillo las alocadas anécdotas de su infancia en la comuna hippie donde se crió, algunas tan rocambolescas que hay quien duda de su veracidad. Adora cantar, pero se le da peor que mal; por desgracia para quienes viven con ella, nunca deja de intentarlo.

Participación de Andrea en Who wore it better?:
Ganadora: 
Presentadora: 

Synnöve


Modelo: Rio de Janeiro Skipper (Mattel playline, 2002)
Molde de cuerpo: Teen Skipper (original), hibridada con Barbie Style 2015 (articulado)
Molde de cara: Teen Skipper

Synnöve Caroline Bolton es hermana menor de Pam, mayor de Chelsea , y prima de Alyssa y Prue. Se fue a vivir con Pam cuando sus padres se mudaron al extranjero por motivos de trabajo, para poder terminar sus estudios en Londres. Allí conoció a su novio, Evan.

Quinn, su mejor amiga, suele llamarla Sy (pronunciado como “see”). Suele tener que corregir a la gente cuando pronuncian su nombre completo. La manera correcta de escribir su nombre en noruego es SYNNØVE, pero ella lo escribe a la manera sueca porque la diéresis da menos problemas, sobre todo en informática. Su abuela materna, que vive en Oslo, la llama Sunniva, nombre original del que Synnöve es variante, porque le gusta más. Synnöve está muy unida a su abuela, y le gusta que la llame así. Es como un código entre ellas. Cuando termine el instituto, le gustaría estudiar Filología Escandinava para reencontrarse con sus raíces noruegas, a las que se siente muy unida.

Si algo caracteriza a Synnöve es su adorable aspecto de muñequita. No obstante, su personalidad no se corresponde del todo con su aspecto: Synnöve es demoledora en sus opiniones, trabajadora y tozuda. Aprecia la sinceridad y encaja bien los golpes. No es de las que lloran cuando fracasan. Puede que sea la más fuerte de las cuatro primas. Sin embargo, posee un grave defecto: es muy desconfiada.

Participación de Synnöve en Who wore it better?:
Concursante: Season 2 - Session 4
Ganadora: 
Presentadora: 

jueves, 30 de diciembre de 2010

Un reencuentro inesperado

Sólo con mirar la montaña de cajas de cartón ecológico que me quedan por desempaquetar, me deprimo. Pensaba que lo más duro sería dar indicaciones a los de la mudanza para que colocasen los muebles que he traído desde Belfast sin chocar con los operarios de Ikea que estaban montando unas cosas que compré. Luego pensé que lo más duro sería limpiarlo todo hasta que quedase tan limpio como yo me lo imaginaba. Y ahora resulta que tengo dos docenas de cajas llenas hasta los topes de cosas por ubicar en su sitio. Suspiro, saco mi portátil, lo enciendo y escribo en mi estado en Facebook: “Iniciando Fase 3 de la mudanza. ¿Alguien se apunta?”. Dudo mucho que cualquiera decida echarme un cable, sobre todo porque las únicas personas que conozco en Londres son mis compañeros de trabajo, a los que acabo de presentarme, un indio que repara ordenadores y que antaño les vendía marihuana a mis padres y una prima de una amiga de mi madre, que tiene una peluquería en un barrio marginal al que no planeo acercarme.
         Bueno, cuanto antes empiece, antes terminaré.
         Cojo la primera caja, que pesa como si llevase un cadáver, y la deposito encima de la mesa del salón. Por poco me llevo por delante el portátil, así que lo cambio de sitio y ya de paso pongo música: activo mi lista de reproducción preferida y dejo que la música con la que crecí me anime a ponerme a trabajar.
         La primera caja está llena de libros. Afortunadamente hice un esquema de cómo los colocaría durante el vuelo a Londres, así que no tardo más que un par de horas en ubicar todos mis libros por temáticas entre el salón y mi dormitorio. La verdad es que este apartamento sigue pareciéndome demasiado grande para vivir yo sola, pero estaba tan bien de precio…
         Tengo entendido que el edificio está recién restaurado. Me pregunto cuántos inquilinos hay ya aparte de mí…

         Tres horas más tarde, me doy cuenta de que no he colocado ni la cuarta parte de lo que he traído, pero la casa va teniendo un aspecto más habitable. La lista de reproducción se acaba, así que cierro el reproductor antes de que vuelva a reproducirse en bucle. Me apetece hacer un descanso y charlar con alguien, pero paso de hacer llamadas, así que cojo las llaves y salgo al rellano. A ver si tengo suerte y me cruzo con algún vecino. Nunca está de más conocer a los vecinos, por lo que pueda pasar.
         Me dispongo a subir cuando oigo pasos en la escalera. Me apoyo en el quicio de la puerta hasta que veo aparecer a una chica más joven que yo que lleva varias bolsas del supermercado que hay a la vuelta de la esquina. Se me queda mirando con curiosidad y me pregunta a bocajarro:
         —¿Eres nueva aquí?
         —Sí —respondo. Le tiendo la mano con gesto profesional y me presento—, me llamo Eden Cole.
         —Yo soy Prue Deveraux. Encantada —me la estrecha.
         —¿Quieres que te eche una mano con esas bolsas? —Pregunto.
         —Vale —me tiende dos—. El ascensor no funciona. Hemos llamado al servicio técnico, pero me parece que hasta que no pasen las fiestas no hay tu tía. A veces me da la sensación de que la dueña del edificio pasa de nosotras porque somos cuatro gatos...
         Prue inicia el ascenso y yo la sigo mientras pregunto:
—¿De veras? ¿Somos pocos inquilinos?
         Ella asiente con la cabeza y enumera:
         —De momento estamos nosotras tres, es decir, mi hermana, mi prima y yo, y luego tú, claro. Ah, y la Erasmus, que ahora mismo está en su casa y no vuelve hasta que vuelvan a empezar las clases, claro.
         Vaya. Pues sí que somos pocas.
         Su apartamento está tan sólo un piso más arriba, así que en un suspiro nos plantamos delante de la puerta. Prue rebusca entre las llaves hasta dar con la adecuada y me invita a pasar.
         —¿Te apetece tomar algo? —Pregunta.
         —De acuerdo.
         —¿Qué quieres tomar?
         —Hum... ¿tienes tónica?
         —¡Claro!
         Prue hunde medio cuerpo en la nevera para emerger más tarde con una esbelta botella transparente de etiqueta arrugada. Sirve el líquido en un vaso y me lo tiende mientras me anima:
         —Bueno, cuéntame algo sobre ti. De dónde eres, a qué te dedicas, esas cosas.
         —Pues... —doy un sorbo a la bebida—, nací en Leeds, creo, mis padres nunca vivían demasiado tiempo seguido en el mismo sitio.
         —¿De veras? —Pregunta, festiva, mientras guarda un paquete de galletas en un armario—. ¿En qué sitios has vivido?
         Intento hacer memoria y empiezo a enumerar:
         —Que pueda recordar, en Bristol, en Manchester, en Liverpool...
         —¡Yo soy de Liverpool! —Me corta, emocionada. En ese momento oímos abrirse la puerta—. Ah, mi hermana ha llegado.
         Ella entra en la cocina. Hay algo en su cara que me resulta familiar...
         —Es nuestra nueva vecina. ¿Sabes que vivió en Liverpool? —Le dice. A continuación se dirige a mí—. Ella es mi hermana mayor, Alyssa.
         Se me enciende una bombillita en el cerebro: ¡clic!
         —¡Alyssa! —Exclamo—. En realidad ya nos conocemos. ¿Te acuerdas de mí? Soy Eden Cole.
         Su rostro adopta expresión de asombro mientras Prue nos mira sin entender nada.
         —¡Claro que me acuerdo! Segundo grado en el Colegio Anne Clough. Tus padres te inscribieron allí...
         —Porque tenía nombre de sufragista —termino la frase.
         Prue se apoya en la mesa de la cocina y habla por fin:
         —Perdonad si os interrumpo, pero, ¿a qué viene todo esto? ¿Es una cámara oculta?
         Alyssa pone los ojos en blanco y explica:
         —No te acordarás porque eras muy pequeña, pero Eden era mi mejor amiga en el colegio.
         —Antes de que mis padres y yo nos convirtiésemos en nómadas por Europa, entonces perdimos el contacto —lo cierto es que siempre lo lamenté.
         —Bueno, prácticamente vivíais en la carretera, era imposible enviar cartas. Lo intenté, pero me las devolvieron.
         —¡Ojalá hubiésemos tenido Internet!
         Alyssa esboza una sonrisa y dice:
         —Vamos al salón. Tienes que contarme qué ha sido de ti en estos... ¿cuántos, doce años?
         —Más o menos —tomamos asiento y empiezo a contarle—. Pasamos unos dos años viajando por toda Europa, de mercadillo en mercadillo, viviendo de los collares y cosas de ésas que hacían mis padres. No solíamos pasar más de un mes en el mismo sitio, salvo en invierno... que era cuando yo estudiaba. Mis abuelos me pagaron la escolarización a salto de mata, todavía no sé muy bien cómo logré graduarme en secundaria con una educación tan irregular... Pero bueno, también es cierto que me puse las pilas cuando nos asentamos de forma más o menos estable.
         —¿Dónde fuisteis? —Inquiere.
         —A Florida. Allí estuvimos hasta que terminé el instituto, luego yo me fui a la Universidad en Nueva York y creo que ellos andan por ahí de nuevo, esta vez con una caravana —la verdad es que mis padres... bueno, si no fueran mis padres y no me lo hubiese pasado tan bien con ellos, habría dicho que no eran buenos padres, lo cual no quiere decir, por supuesto, que no fuesen buenas personas.
         —¿Y la carrera? —Me interroga Alyssa—. ¿Cómo te la pagaste?
         Resoplo.
         —¡Trabajé un montón! Durante el curso estaba de camarera en un bar que pertenecía a mi casera, y fui prácticamente su esclava durante los dos primeros años, pero luego logré hacerme amiga suya y al final me dio pena irme y todo. Y en verano curraba en hoteles durante los tres meses, ya fuesen moteles de carretera en Rhode Island o resorts de súper lujo en Hawaii —Alyssa silba con admiración, y me toca preguntar—. ¿Y qué hay de ti?
         —Bueno, no me moví de Liverpool hasta terminar la carrera. El último año me ofrecieron unas prácticas en la revista Chic-Chic y al final me contrataron. Pensaba que iba a ser la chica de los cafés, pero resulta que uno de los miembros de la junta directiva conocía a una de mis catedráticas y le pidió informes míos. Ella le pasó un artículo que escribí para un trabajo y le gustó, así que me asignaron una columna en la sección “Suma y Sigue”. Poco a poco fui escalando posiciones y ahora tengo mi propia página.
         —¡Vaya, enhorabuena! —No podía esperar otra cosa de Alyssa, que con nueve años se pintaba los labios con la barra color fresa de mi madre mientras posábamos como Cindy Crawford delante del espejo de su cuarto de baño—. Yo estoy en la sección de Recursos Humanos en una empresa de telefonía móvil. No es el trabajo de mis sueños, pero se me da bien el trato con la gente, así que no está mal. Me trasladaron a Belfast el año pasado, y desde ayer mismo trabajo en la sucursal de Londres.
         Prue regresa de la cocina después de terminar de colocar la compra y toma asiento en un sillón a nuestro lado. Me vuelvo hacia ella y comento:
         —Puedo asegurarte que cuando te vi en la escalera ni siquiera sospeché que serías la hermana de mi amiga de la infancia.
         —Yo tampoco —responde ella.
         —No es que os tratarais demasiado —dice Alyssa.
         —¿A qué te dedicas tú, Prue? —Pregunto.
         —Estudio Veterinaria —responde, sin dar detalles.
         Le lanzo una ojeada a Alyssa, que con un gesto indica que más adelante me dará los detalles. La verdad es que estoy contenta: aunque seamos poca gente, me alegra que haya caras conocidas.
         Prue se saca el teléfono móvil del bolsillo y marca un número antes de llevárselo al oído.
         —Esto puede ser divertido —se me escapa.
         —Pues todavía no has visto nada.