martes, 26 de febrero de 2013

El pergamino


Me ha costado un horror convencer a Prue de que no se enfade con Leah, porque tiene razón. Al menos ella ha sido capaz de decirle lo que piensa… A mí me cuesta un horror. Por lo menos, después de unas semanas, se le ha pasado un poco el cabreo y se ha plantado conmigo en la biblioteca de la facultad, donde nos hemos encontrado a nuestra amiga escrutando un viejo pergamino de aspecto sospechoso. A Prue se le olvida que iba a pedir disculpas cuando comienza a husmear por encima del hombro de Leah.
—¡Prue! —La reprendo.
—¿Qué es eso, Leah? —Pregunta mi amiga, pasando de mí.
—Es un pergamino realizado en papel de arroz. Es japonés, del siglo XVII, aproximadamente. Tengo la sospecha —baja la voz— de que está hechizado.
Prue y yo intercambiamos una mirada. Si Leah lo sospecha, seguramente lo esté.
—¿Con qué clase de hechizo? —Inquiere Prue, como una verdadera entendida (que no lo es).
Leah suspira, recoge sus cosas y dice:
—Vamos.
La seguimos a hurtadillas hasta la salida de la biblioteca. Adivino en su actitud que ha perdonado a Prue.

—He estado estudiando el pergamino durante semanas, desde que lo compré por dos perras a un anticuario. No tiene ilustraciones, así que artísticamente no vale gran cosa, y las inscripciones son fórmulas que podrían pasar fácilmente por oraciones budistas.
—¿Hablas japonés? —Pregunta Prue, admirada. Yo tampoco sabía eso de Leah—. Pero, oye, si no son oraciones, ¿qué son?
—Conjuros —responde Leah con aplomo—. Maldiciones y conjuros de encierro. Parece una recopilación de hechizos bastante poderosos. Al principio pensé que se trataba de una especie de catálogo de artes mágicas, pero ya no lo tengo tan claro. Creo que el pergamino en sí mismo está hechizado, y estoy estudiando cómo romper el conjuro.
La idea me alarma:
—¿Y si esos hechizos sirven para contener a un demonio o algo por el estilo?
—Lees demasiados cómics manga, Clary —desestima mis palabras Prue, a todas luces demasiado emocionada con la idea.
—No creas que no he pensado en eso. Antes de realizar el ritual, sellaré la habitación donde lo lleve a cabo.
—¿Y ya has pensado dónde hacerlo? ¡Porque mi casa está disponible!
La idea me deja a cuadros. Me parece que a Prue se le olvida a veces que vive con su hermana. Y no veo yo a Alyssa muy por la labor de permitir que Leah entre en su casa, llene las esquinas de sal y se ponga a salmodiar en algún idioma raro. Pero Prue insiste, dice que su hermana está pasando unos días en el sur de Francia con su novio y, no sé cómo, convence a Leah.

Al día siguiente, nuestra amiga se presenta en el piso de Prue con una maleta trolley y su pergamino bajo el brazo. Le lleva cerca de una hora cambiarse (y nos explica, muy ufana, que su atuendo para el ritual se lo compró en Tahití) y acondicionar el salón para llevar a cabo el ritual, pintura en el suelo incluida. Espero que salga con facilidad, porque sigo pensando que a Alyssa no le va a hacer ninguna gracia, y eso que es un encanto…
Tal y como sospechaba, Leah se pone a salmodiar rodeando el pergamino, y por suerte, no nos pide que la imitemos, porque Prue está demasiado emocionada y yo me estoy mareando con el humo de las velas. Porque hay demasiado humo… y cada vez es más denso, hasta que me doy cuenta de que está saliendo… ¡del pergamino!
—¿Puedo abrir la ventana, Leah? —Pregunta por fin Prue, entre toses.
—Sí, hazlo —oigo su voz ahogada entre la densa humareda.
Poco a poco, el humo se va disipando… y me cuesta creer lo que ven mis ojos, pues al lado de Leah se encuentra un samurai, un samurai de verdad, ataviado con unas estrambóticas ropas. Cuando separa los labios, sólo salen palabras en japonés, y nos miramos con gesto extrañado. No sé qué nos esperábamos, a decir verdad. Por suerte, Leah reacciona con rapidez, y extiende sus dedos hacia el samurai mientras murmura un conjuro. Él espera pacientemente, y cuando vuelve a hablar, lo hace en nuestro idioma:
—Os agradezco, augusta hechicera, que me hayáis liberado de mi confinamiento en el Pergamino de los Siete Secretos. ¿Podría conocer el nombre de mi benigna salvadora?
Leah asiente con la cabeza antes de responder:
—Me llamo Leah Rogers, y ellas son mis amigas Prue Deveraux y Clary Kent. ¿Cómo te llamas tú?
—Mi nombre es Kuzunoha Taiki Hirato, y soy un samurai exorcista del Clan Kuzunoha, de la provincia de Kazusa. ¿Podríais decirme, dama Leah, en qué tiempo y lugar me hallo?
Prue me da un codazo en el abdomen. Creo que sé lo que significa: probablemente nuestro samurai va a llevarse una ingrata sorpresa. 

viernes, 22 de febrero de 2013

Una adolescente como cualquier otra

Desde que llegó a la casa en 2011, Tabitha no ha tenido ocasión de lucir nuevos conjuntos, pues no se han comercializado sets de ropa para su modelo. Tras hacerme con un vestido expresamente para ella, decidí darle la oportunidad de hacer un mix 'n match con la ropa de algunas de las chicas mayores para que nos dejase ver un poco de su estilo.

Su vestido propio, de una muñeca de la colección Camp Rock



¡Lamento la ausencia de entradas y mi escasa presencia en vuestros blogs! He tenido un febrero de lo más ajetreado. ¡Durante los próximos día tendremos novedades!

miércoles, 30 de enero de 2013

La vuelta al mundo en 60 vestidos (IV)

Y por fin, después de varias semanas, tenemos por fin una nueva remesa de vestidos del mundo, cada uno con su propia historia...

Y comenzamos con Andrea, que nos ha cedido algunas fotos de su viaje a Bogotá, donde asistió al Festival de Bailes Regionales.

Foto de stock de Green-Eyezz-stock
Andrea tenía muchas ganas de asistir a un festival de esas características, os lo podéis imaginar. Hizo muchísimas fotos, le costó decidirse por tan sólo tres para compartirlas con nosotros.

Foto de stock de SafariSyd
El vestido lo compró en Colombia, y es uno de sus recuerdos favoritos de los viajes que ha realizado.

Los zapatos proceden del Look Barbie Basics #01-001
Foto de stock de Nick004
Nuestra siguiente protagonista es Quinn, que ha pasado una Nochevieja fuera de su país por primera vez, y es que a sus padres les apetecía tanto hacer algo diferente que escogieron un país al azar, y resultó ser Venezuela. Y allí fueron, justamente a su capital, Caracas.

Foto de stock de deaddoll00
Ella también se compró un vestido para la ocasión. Sus hermanos se metieron mucho con ella, pero es lo que tiene ser una más, y no "la niña".

Foto de stock de AustriaAngloAlliance
Eso sí, los zapatos fueron otra historia. Quinn se puso unas bailarinas que no pegaban demasiado con el resto del vestido, pues prefería estar cómoda... Por suerte, no se le veían con esa falda hasta el suelo.

Los zapatos proceden de un set de zapatos Fashion Avenue para Teen Skipper
Foto de stock de CathleenTarawhiti
Pero cambiemos de chica. Hasta ahora, el uso dado a los vestidos de esta entrada se ceñía a su propósito original... Pero eso cambia con Sabrina, que llevó este conjunto diseñado para asistir a la Entrega de los Nobel en Estocolmo nada menos que a una entrega de premios... cinematográficos.

Foto de stock de Thy-Darkest-Hour
Cuando se anunció que su canción What if? estaba nominada a Mejor Canción, más de uno pensó que aparecería en la alfombra roja luciendo algo mucho más sexy, fiel a su estilo. Es decir, algo así:

Foto de stock de Thy-Darkest-Hour
Pero una vez más, supo sorprender a propios y extraños con un look de lo más elegante y acertado para la ocasión.


No ganó, pero mereció la pena asistir a la ceremonia y conocer a unos cuantos actores. Se ha llegado a rumorear que ha iniciado una nueva relación con otro invitado a la gala...

Los zapatos proceden del Look Barbie Basics #04-001
Repetimos a una de las chicas que ya nos han mostrado sus recuerdos de viaje, y es Leah. Su viaje a Tahití tuvo la misma motivación que el que hizo a Filipinas: conocer los hechizos propios de la zona.

Foto de stock de dying-soul-stock
No obstante, también aprovechó para hacer turismo con su madre y hermanas, como siempre.


Y sí, se vistieron de esa guisa para practicar unos cuantos hechizos en la playa. Es parte del encanto de la brujería.

Los zapatos proceden de una bandeja de ropa de la línea Fashionistas
Y así llegamos a Synnöve, nuestra última protagonista de este mes. Ella es la encargada de lucir un vestido pensado para asistir al Carnaval de Venecia, pero le ha dado un uso menos... digamos ortodoxo.

Foto de stock de Malleni-Stock
Sí, una sesión de fotos. Bueno, en realidad el vestido era para la obra de teatro del instituto... antes de que la cancelaran. Se suponía que los alumnos debían devolver los disfraces alquilados, pero antes de hacerlo, alguien decidió hacer unas cuantas fotos en una fábrica abandonada, y Sy, como siempre, se vio arrastrada con el resto.


Y en plena sesión empezaron a oír ruidos extraños desde los corredores inexplorados, y la sesión de fotos acabó en la casa de uno de los chicos del instituto.

Los zapatos proceden de un set de zapatos Fashion Avenue para Teen Skipper
(No he podido cambiar el fondo a todas las fotos. ¡La tecnología se rebela! Espero que os hayan gustado)

lunes, 28 de enero de 2013

La habitación de Bobbi

Después de Navidad, Bobbi ha terminado de instalarse con Dee. He aquí una imagen parcial de su dormitorio.


A juzgar por esos muebles tan caros, la solución tiene pinta de ser permanente...

miércoles, 23 de enero de 2013

De la magia como arma arrojadiza


         Es curioso cómo a veces, aunque no presencies algo, el hecho de que te lo cuenten logra que dicho evento sea parte de tu vida, e incluso se lo cuentes a otras personas dando la impresión de que fuiste testigo, cuando no protagonista. Eso es más o menos lo que me pasó desde que Clary me contó los problemas de Prue con su prima Synnöve (a la que por cierto, no conozco), ya que, al parecer, a ambas les gusta el mismo chico. El conflicto empezó a convertirse en parte de mi vida cuando Prue se encargó de ir actualizando la información cada poco tiempo: “Hoy Evan me ha saludado por la escalera”, “Vi a Evan el fin de semana y llevaba puestos unos vaqueros que le sentaban de maravilla”, “Evan me ayudó a subir la compra a casa”, etcétera. Por suerte, nunca me pide mi opinión acerca de esos comentarios de colegiala, porque conozco a Prue, y me parece muy mal que vaya a hacer la compra ex profeso para que él la ayude. Nunca lo admitiría, pero yo lo sé, y no me hace falta ser bruja para eso.

De quien nunca habla, o muy poco, es de Synnöve. Debe sentirse realmente ofendida de que su prima pequeña sea también su rival. Y eso que no sabe que Evan podría llegar a corresponder a Synnöve, o mejor dicho, que está muy cerca de hacerlo.

Sí que he necesitado ser bruja para saber eso. No les he dicho nada a Prue o a Clary, evidentemente. Hay una serie de normas en esto de la brujería, y además, Prue puede tener unos accesos de rabia muy infantiles. Se enfadaría conmigo, para empezar, por haberle transmitido una verdad que no quiere conocer. Por eso, si se ha fijado en las señales que indican que a Evan le gusta Synnöve, es muy probable que haya optado por obviarlas de una forma más o menos consciente.

—¿Podemos hablar? —Alzo la vista de mi libro al oír la voz de Prue. Clary, detrás de ella, me saluda con la mano.
—Claro —respondo.
Las dos toman asiento en mi mesa. Estaba en la cafetería de la facultad, aprovechando una hora que tengo libre en mitad de mi horario para adelantar un poco en la novela que estoy leyendo ahora. En el caso de mis dos amigas, su presencia aquí se justifica con una sola palabra: pellas.
Cierro el libro y lo dejo encima de la mesa. No se me escapa que Clary mira de reojo la portada. No pierde la esperanza de pillarme leyendo un Grimorio o cualquier otro libro de conjuros. No siempre me tratan como a una bruja, pero cuando se acuerdan, piensan que soy Harry Potter. Y sí, leo libros de magia, pero no en la Universidad.
Prue apoya los codos en la mesa y, lanzándome una mirada entre penetrante y divertida, dice:
—Tengo que pedirte un favor.
Espero que no sea…
—Tú dirás —la animo.
—Quiero una poción de amor.
Noto cómo mi expresión va cambiando de una sonrisa plácida a un gesto mucho más serio. Sí, era justo lo que me temía.
—¿Para que Evan se enamore de ti? —Pregunto.
—¡No, no! —Se apresura a negar ella, y explica—. A lo mejor me he expresado mal. Lo que quiero es una poción de desamor, si es que eso existe… Mira, quiero que Evan deje de interesarse por mi prima Synnöve.
Así que se había dado cuenta. Suspiro.
—No puedo hacer eso, Prue —mientras lo digo, sé que me va a rebatir, y aunque sé que no voy a zanjar la discusión, esgrimo el motivo más fundamental—. Va en contra de mis principios.
Ella frunce el ceño, claramente contrariada.
—¿Uno de tus principios es no ayudar a una amiga en apuros? —Pregunta.
—No estás en apuros —creo que he sonado un poco cínica—. Y uno de mis principios es no interferir en la voluntad de la gente.
—Bueno, pues puedes quedarte tranquila, porque enamorarse de alguien no entra en el ámbito de la voluntad de nadie. Sencillamente, sucede.
Pongo los ojos en blanco.
—El libre albedrío también cuenta.
Observo por el rabillo del ojo cómo la mirada de Clary va de una a otra, pero no se atreve a intervenir. Sabe que tengo razón, pero no quiere llevarle la contraria a su mejor amiga. Si Rita estuviera aquí, apoyaría ferozmente a Prue, ironías del destino. Luego le robaría a Evan, pero eso es otro tema.
—La magia no es ningún juego, Prue —añado antes de mirar a Clary—. No se parece a ningún libro que hayáis leído. La magia real tiene responsabilidades y consecuencias.
Prue suspira con cierto victimismo y se levanta. Clary y yo tenemos que alzar los ojos para mirar su rostro.
—Así que no va a haber poción, ¿verdad? —Afirma.
Me limito a negar con la cabeza, y ella se encoge de hombros:
—Muchas gracias, Leah —chasquea la lengua. Su tono es amargo y mordaz.
Aparta la silla y se marcha, y Clary intercambia conmigo una rápida mirada antes de seguirla. No están muy lejos de mí cuando alzo la voz para advertirla:
—No insistas en tu propósito, Prue. Acabarás convertida en la mala.
Mientras sale de la cafetería, no puedo dejar de esperar que escuche mis palabras.